Vanguardia
Casi ningún habitante de México de mi generación pudo sustraerse de la influencia de la religión católica. Incluso los descendientes de agnósticos o de líneas familiares judías, evangélicos o protestantes en general y los nacientes núcleos de cristianos convergían con la cultura intangible que siguen representando las ceremonias católicas. Indudablemente, la fe que catapultaron franciscanos en el noreste y jesuitas en el noroeste de lo que fue la Nueva España sigue viva en la denominada Semana Santa . Ahora, con ojos ecuménicos, veo la profundidad del legado de la Iglesia Católica en comunidades y ciudades de México.
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