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José Elías, empresario: "La deuda es buena siempre y cuando la puedas pagar; si quieres crecer en negocios, es mejor hacerlo con el dinero de otros" | Collector
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José Elías, empresario: "La deuda es buena siempre y cuando la puedas pagar; si quieres crecer en negocios, es mejor hacerlo con el dinero de otros"

El empresario José Elías, conocido por su estilo directo y su éxito en el mundo de los negocios, ha lanzado un mensaje contundente que desafía la visión tradicional sobre las finanzas personales. En unas recientes declaraciones, ha desmontado el miedo generalizado a la deuda, posicionándola como una herramienta clave para la creación de riqueza. "Si quieres hacer dinero, la única forma de hacer dinero es con deuda ajena", ha afirmado con rotundidad. Lejos de verla como un enemigo, Elías la considera un vehículo indispensable para el crecimiento, siempre que se gestione con una estrategia clara y un colchón de seguridad. La filosofía de Elías se basa en una premisa fundamental: el capital propio es, por naturaleza, limitado. "Tu dinero es finito", explica, mientras que "la deuda de otro es infinito". Esta perspectiva rompe con el consejo tradicional de crecer únicamente con recursos propios. El empresario argumenta que, para expandir negocios o realizar inversiones de gran calibre, es mucho más eficiente y escalable recurrir a financiación externa. Según él, "siempre es mucho más barato la deuda de otro que la tuya", ya que permite multiplicar el alcance de las operaciones sin descapitalizarse, acelerando así el potencial de retorno de cualquier proyecto. Sin embargo, el propio Elías ha querido dejar claro que su defensa del apalancamiento no es una invitación a la imprudencia financiera. "La deuda es buena siempre y cuando la puedas pagar", matiza, poniendo el foco en la responsabilidad individual. El principal problema, señala, reside en aquellas personas que son "excesivamente optimistas" y se lanzan a proyectos "sin un duro detrás y todo apalancado". Considera que esa actitud no es "ni saludable ni razonable", ya que ignora los riesgos inherentes y puede conducir directamente al fracaso. Critica a quienes se endeudan sin un plan B, movidos por una confianza ciega en que todo saldrá bien. Para ilustrar su punto de vista, el empresario ha expuesto un caso práctico muy reconocible en el mercado inmobiliario actual. Describe la situación de una persona con una nómina de 1.500 euros que decide comprar un piso para alquilar, cuya cuota de hipoteca asciende a los mismos 1.500 euros, confiando ciegamente en que la renta del inquilino cubrirá el gasto mes a mes. "¿Y el día que el tío te deja de pagar o se pira y te quedas con el piso vacío tres meses, qué haces, tío?", se pregunta Elías de forma retórica. Esta operación, que sobre el papel puede parecer una inversión que se paga sola, se convierte en una trampa mortal sin un respaldo financiero adecuado para imprevistos. La solución que propone Elías para que la deuda se convierta en una aliada "saludable" es la planificación y la creación de una sólida reserva de emergencia. El empresario aconseja a los inversores no contar con que van a "ingresar los 12 meses al año", sino más bien realizar sus cálculos sobre la base de 10 meses de ingresos. Además, insiste en la importancia de disponer de un "colchón equivalente a tres meses de alquiler" para afrontar con tranquilidad periodos de vacancia. A esto añade la necesidad de contemplar escenarios adversos, como una posible caída de los precios del alquiler: "Deberías poder seguir pagando" la hipoteca incluso si los arrendamientos caen "un 20 por 100". Finalmente, Elías ha valorado positivamente el papel regulador que ejercen las entidades financieras en el ecosistema del crédito. Celebra que los bancos sean cada vez más estrictos y analicen con lupa la tasa de esfuerzo del solicitante, asegurándose de que las cuotas mensuales no superen el 35% o 40% de sus ingresos netos. En su opinión, esta supervisión es fundamental porque "hay mucho inconsciente pidiendo dinero". Por ello, le parece bien que "el banco te tutele un poco", actuando como un filtro de seguridad ante la falta de prudencia de algunos solicitantes. Su análisis concluye con una dura y característica reflexión sobre ciertos perfiles: "Hay gente muy tarada, gente que realmente son gente porque respiran, pero podríamos dudarlo en algunas ocasiones".

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