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Iker, con 31 años, ha pasado de trabajar durante ocho años en un taller mecánico a convertirse en un inversor experto en operaciones inmobiliarias de alta complejidad, como la compra de viviendas con okupas o el "fast flipping" —comprar, reformar y vender en tiempo récord—. Su historia personal es el reflejo de una pregunta que muchos se hacen: ¿por qué el sistema educativo tradicional no nos proporciona educación financiera? Junto a la arquitecta Ainara Fernández, Iker reflexiona sobre las barreras, la mayoría mentales, que nos impiden prosperar económicamente. La ausencia de formación sobre el dinero en las aulas no es casual, según Iker. "Al revés, y no interesa. ¿Por qué? Porque interesa ser uno más afirma con rotundidad. Esta carencia programada, explica, busca mantener a la población en un camino predefinido y evitar que surjan perfiles financieramente independientes que cuestionen el sistema. La consecuencia es una sociedad que, en gran medida, carece de las herramientas básicas para gestionar su patrimonio, invertir o entender cómo funciona realmente el dinero. Más allá de la escuela, el principal campo de batalla se libra en el ámbito personal y social. Son las creencias limitantes inculcadas desde la infancia las que actúan como un ancla. "Aquí también entra un poco las creencias limitantes que tenemos desde jóvenes. Nuestra familia, nuestros amigos, nuestro entorno... Esos miedos de ellos los vuelcan en nosotros", señala Iker. Este traspaso de inseguridades crea una mentalidad de aversión al riesgo que castiga a quien intenta desviarse del camino convencional. Esta diferencia de mentalidad es especialmente visible si se compara con los entornos empresariales. "Si hablas seguramente con algún hijo de algún empresario potente, estoy seguro que tiene otra mentalidad muy distinta a la de cualquiera de nuestros amigos, porque se la han inculcado desde casa", reflexiona. En esas familias, oír hablar de inversión y finanzas es algo natural y cotidiano. "En cambio, los que no han tenido esa visión, no lo han vivido en su casa y tienen una mentalidad totalmente diferente", añade. Salirse de ese guion no escrito provoca una reacción de extrañeza en el círculo más cercano. Romper con todo ello es un proceso solitario y complicado. "Si te sales de la norma, eres como el raro", lamenta Iker, quien recuerda los comentarios que recibió cuando decidió dejar su trabajo estable por el mundo de la inversión. Frases como “estás loco, ¿dónde vas?” resonaban a su alrededor. El miedo al fracaso y la presión social son los primeros obstáculos a derribar. "Ahora sí me siento acompañado en mi camino, pero cuando di el cambio, qué va, estaba loco", confiesa. Su trayectoria es la prueba de que es posible cambiar de rumbo. Tras ocho años en un taller mecánico, Iker se ha forjado un nombre en el competitivo sector inmobiliario. Actualmente, no solo gestiona inversiones personales, sino que se ha especializado en operaciones de alta complejidad que otros evitan, como la desocupación de inmuebles o las reformas ultrarrápidas para maximizar el beneficio. Su ejemplo demuestra que la verdadera barrera no siempre es económica, sino mental, y que la educación financiera es el primer paso para derribarla.
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