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En el imaginario colectivo, conducir despacio y con suavidad es sinónimo de cuidar la mecánica del coche y ahorrar combustible. Sin embargo, esta creencia tan extendida podría no ser del todo cierta y, de hecho, podría estar perjudicando silenciosamente algunos de los componentes más importantes del vehículo. Así lo advierte el mecánico David Sánchez, quien a través de una sencilla explicación ha desvelado por qué llevar el coche a un régimen de revoluciones más alto de forma controlada es una práctica de mantenimiento fundamental. Según el experto, abusar de una conducción a baja velocidad, especialmente en trayectos cortos, puede generar averías costosas y problemas de rendimiento a largo plazo. El primer problema que Sánchez destaca es la acumulación de carbonilla dentro del motor. Este residuo, una especie de hollín generado por la combustión incompleta del carburante, se adhiere a las paredes de los cilindros, los pistones y las válvulas. El mecánico lo compara con una cafetera que nunca se limpia: "Es como utilizar una cafetera todos los días y no limpiarla, al final se afecta el funcionamiento", señala. Esta acumulación es especialmente frecuente en vehículos que operan constantemente a bajas revoluciones y realizan principalmente recorridos urbanos cortos, ya que el motor no alcanza la temperatura óptima para quemar eficientemente estos depósitos. La solución que propone no es otra que cambiar de hábitos al volante de manera ocasional. Al subir las revoluciones, "la bomba de gasolina trabaja mejor, el aceite circula mucho más rápido por el motor y los aditivos del lubricante ayudan a limpiar la carbonilla que se va generando". Este proceso, conocido popularmente como "llevar el coche alegre", permite que el motor se limpie internamente, expulse los residuos acumulados y, en definitiva, respire mejor, optimizando su rendimiento y prolongando su vida útil. El segundo componente afectado es el catalizador, una pieza clave del sistema de escape cuya función es transformar los gases nocivos de la combustión en sustancias menos contaminantes. Sánchez explica que el flujo constante de gases a baja velocidad provoca que esta pieza se obstruya. "Si siempre manejas a bajas revoluciones, este se va a tapar y el carro va a perder potencia y aumentar el consumo de combustible", advierte el experto. Un catalizador taponado no solo dispara las emisiones contaminantes, sino que también crea una contrapresión en el sistema de escape que reduce drásticamente el rendimiento del motor. Esta pérdida de potencia se manifiesta en una respuesta más lenta del acelerador y una mayor dificultad para ganar velocidad, mientras que el aumento del consumo de combustible se debe al esfuerzo extra que debe realizar el motor para evacuar los gases. Sustituir un catalizador es, además, una de las reparaciones más costosas, por lo que un simple cambio en el estilo de conducción puede suponer un ahorro considerable a largo plazo, evitando una visita inesperada y onerosa al taller. Finalmente, el mecánico pone el foco en los vehículos más modernos, muchos de los cuales están equipados con transmisiones electrónicas adaptativas. Estos sistemas inteligentes están diseñados para ajustarse al estilo de conducción del usuario. "Estas transmisiones se adaptan a tu estilo de manejo, y si siempre manejas despacio, despacio, cuando aceleres no va a reaccionar igual", detalla Sánchez. En la práctica, si el sistema "aprende" que el conductor prefiere una conducción muy relajada, optimizará los cambios de marcha para funcionar a bajas revoluciones, priorizando el confort y el consumo. El problema surge cuando se necesita una respuesta rápida del vehículo, como en un adelantamiento o una incorporación a una vía rápida. El coche, acostumbrado a un ritmo pausado, se mostrará "perezoso" y tardará más en entregar la potencia necesaria, lo que puede comprometer la seguridad. Por ello, es recomendable realizar aceleraciones más decididas de vez en cuando para asegurar que la transmisión se mantenga flexible y reactiva ante cualquier imprevisto. Eso sí, Sánchez concluye con una aclaración importante: "No te estoy invitando a que rompas las leyes de tránsito, te estoy invitando a que aceleres un poco el vehículo y lo manejes a buenas revoluciones". Se trata, en definitiva, de encontrar un equilibrio saludable para el motor.
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