ABC
Cuando barajaba su nombre artístico pensó llamarse Sylvia, sin más. Solo Sylvia. Pero la prensa tenía otros planes: « Me marcaron a hierro el apellido Pantoja , como a un toro». De tanto llamarla por su apellido, al final aceptó llevarlo con orgullo: «Porque Pantoja es arte, alegría, talento. La familia de mi madre está vinculada con grandes artistas, cantaores, flamencos... La música corre por nuestras venas. Ese apellido no es como se ha vendido». Por eso también conllevaba una condena: «Llevo cuarenta años teniendo que leer titulares sobre mi prima, Isabel Pantoja. Entiendo el morbo , pero yo no quiero vender morbo. Acepté un día sentarme en un plató para dar mi versión (' La herencia envenenada '), pero luego para algunos parecía que llevara toda la vida hablando de mi prima. Y solo fue una vez. No quiero hablar de gente con la que no tengo trato». De hecho, Sylvia decidió convertir su experiencia personal en una trilogía musical cuyo broche es 'Solo quería cantar', que acaba de lanzar. Y en lugar de hacer declaraciones sobre su prima y su familia mediática en las revistas o en las televisiones, lo ha convertido todo en letra para su canción: «Los Pantoja y los Rivera, a mí qué más me da». Aunque a veces parece que hay que elegir: «Pero yo no soy de bandos , yo estoy con la gente que tiene la misma vibra que yo». Y tiene claro que ella, desde un principio, ha sabido con quién ir y con quién no: «Desde México a Cantora, a la 'herencia envenená', siempre dije la verdad». Frase a frase, Sylvia se reivindica: «Yo quería dedicarme a cantar mucho antes de que se desbordara todo, cuando llegaron las exclusivas y los escándalos». Como tantos creadores, se confiesa muy soñadora: «Es que si no sueñas no se puede vivir. Yo, por ejemplo, durante muchos años estaba sola y soñaba con encontrar a alguien, enamorarme. Estaba a punto de rendirme cuando apareció Oscar , así es que él mi sueño cumplido». Son pareja y equipo, porque juntos componen, graban: «Nos complementamos muy porque él pone más cabeza y yo, más corazón. Él es Géminis, por lo tanto,más reflexivo. Yo soy Tauro, visceral». Solo les falta dar el paso: «En su momento hablamos de casarnos. La verdad es que estoy esperando que se arrodille para declararse». Gracias a su chico, que tiene una hija, Sylvia puede vivir una experiencia parecida a la maternidad: «Ya al final, cuando supe que no sería madre, tuve un momento de duda sobre mi decisión. Hubo un tiempo en que pensé incluso en adoptar . Ahora echo la vista atrás y no me arrepiento. No todas estamos hechas para tener hijos. He tenido libertad para llevar la vida que quería en los escenarios, viajando, de un lado para otro. No me veo cambiando pañales». Pero asume sus responsabilidades en este nuevo papel: «Trato de enseñarle principios, valores. Tiene buena voz y afina, pero no voy a intentar que siga el camino de la música. Eso no se inculca, lo decide uno, y lo que quiero es que ella sea feliz siendo lo que quiera ser de mayor». A la hora de buscar la paz, Sylvia sabe dónde encontrarla: «En mí misma. No tengo que buscar en otra parte. Quien está bien consigo, está bien en cualquier parte. Pero reconozco que me eleva si voy al bosque y escucho el viento acariciando las hojas». Por el contrario, se pone de los nervios con los cambios de planes: «No soporto que se digan las cosas que se van a hacer y luego no se hacen». Le rompe los esquemas, no es por capricho: «Es que no soy nada caprichosa. Esa tontería se va con los años y la experiencia». Si tuviera que elegir el momento más feliz de su vida, se queda con su debut en el programa 'Viva el 86', presentado por Concha Velasco: «Además las críticas fueron muy buenas, destacando mi presencia en un especial en el que participaban artistas internacionales». En cuanto a lo peor, cómo no, las pérdidas: «Cuando murió mi madre, mi padre, mi perrita. Con ella lo pasé muy mal porque era como mi niña. La tuve conmigo quince años, viajaba conmigo, dormía conmigo. Parece mentira el dolor que puedes llegar a sentir». Es posible que Sylvia se guarde una sorpresa para la próxima temporada: «Tengo una canción muy alegre que presenté al Benidorm Fest y que, con algunos retoques de la letra, a lo mejor presento de cara al verano». Y es que ella solo quiere cantar. El emoji que más usa: La carita con corazones y el corazón. Con ellos transmito que soy feliz. Se haría un selfi con: Marc Anthony. Un momento 'Tierra, trágame': Uf, en actuaciones pasa de todo, desde una vez que se me rompió el tacón hasta otra en la que estalló la cremallera del vestido y no podía darme la vuelta mientras cantaba. Un sacrificio por la fama: No tener amigas en mi adolescencia, porque esos años los pasé ayudando a mi familia y actuando. Un lugar para perderse: Una playa solitaria. Un propósito que nunca cumple: Tocar el piano. Algo que no puede faltar en su día a día: El amor, el cariño, la ternura. Su primer beso: Fue muy bonito, aunque pasé mucha vergüenza. Yo tenía 21 años, he sido muy tardía para el amor. Tiene miedo a: A caerme, al sufrimiento, al dolor. Dentro de diez años se ve: Espero no haber envejecido mucho y vivir en una casita en el campo, con mi huerto, mis gallinas, muy tranquila. No es que vaya a retirarme, me queda mucha cuerda. La pequeña Sylvia: Era tímida, introvertida, soñadora. El colegio lo llevaba como podía, es una pena, porque ahora me arrepiento, aunque nunca es tarde para aprender. La vida de artistas, tan errante, me gustaba porque yo tenía desde pequeña esa pasión errante de la tradición gitana que heredé de mi madre. Lo único que no me gustaba era madrugar.
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