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Consideraciones teológicas sobre el cuerpo humano como arte
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Consideraciones teológicas sobre el cuerpo humano como arte

Juan Pablo II pronunció a lo largo de cinco años de su pontificado, de 1979 a 1984, una serie de 129 catequesis, que más tarde fueron publicadas en forma de libro con el título de La teología del cuerpo: el amor humano en el plan divino. El Santo Padre polaco propuso una nueva antropología, un nuevo modo de conocerse a sí mismo. Lo que el papa destaca es la necesidad de que la persona se encuentre a sí misma para poder responder a su propia vocación.Juan Pablo II destaca los deseos humanos dentro de un plan de Dios. Que el hombre sea hecho a imagen y semejanza de Dios implica que está llamado a una especial intimidad con él. El pontífice jamás intentó imponer sus propias catequesis, las dejó escritas para que tuvieran vida propia. La verdad no se impone por la fuerza, sino que debe convencer por sí misma.Estas enseñanzas no fueron ofrecidas como algo cerrado, sino como una invitación a seguir profundizando sobre las relaciones de filiación y fraternidad. Mi intento, en estas tareas expuestas, quiero dirigirlo a la cuestión artística, en especial a la representación del cuerpo humano. El mencionado papa, en su Teología del cuerpo, lo considera «artístico y legítimo» si la forma física eleva el cuerpo humano –como creación divina– hacia la belleza, la verdad y la pureza evitando la cosificación. El arte debe sublimar el cuerpo del ser humano como don, no como objeto. En sus palabras: «La objetivación artística del cuerpo humano, a fin de hacer de él primero un modelo y, después, tema de la obra de arte, es siempre una cierta transferencia al margen de esta originaria y específica configuración suya con la donación interpersonal. Ello constituye, en cierto sentido, un desarraigo del cuerpo humano a la dimensión de la objetividad artística, aspecto específico de la obra de arte», según expresó en Audiencia General el 22 de abril de 1981.Según Wojtyla, «el arte auténtico –pintura, escultura, dibujo...– puede espiritualizar el cuerpo, revelando la dignidad de la persona y guiar la visión del espectador hacia la belleza». El cuerpo es la belleza física que el arte debe reflejar, el misterio de la creación valorando el significado esponsal y la riqueza interior de la persona.Los Museos Vaticanos albergan una de las mayores colecciones del mundo con unas 70.000 obras grecor-romanas, de las cuales solo unas 20.000 están expuestas repartidas en catorce salas conocidas como el Museo Pío Clementino, principal sede de esculturas desde el siglo III aC.El papa Juan XXIII mandó quitar todas «las hojas de parra que protegían intimidades». Personalmente, tuve ocasión de poder ver estas restauraciones cuando se recuperaba el célebre Apolo de Belvedere que hoy puede contemplarse en su totalidad con la excelente belleza que le dio su autor. El arte físico anatómico debe ser un medio para contemplar la belleza de Dios a través de la obra creada, promoviendo el respeto y la admiración de la creatividad.Juan Pablo II, en su catequesis del 6 de mayo de 1981, dijo: «En el transcurso de las distintas épocas, sobre todo en la época del arte clásico grecorromano, existen muchas obras cuyo tema es el cuerpo humano en su desnudez. Su contemplación nos permite centrarnos, en cierto modo, en la verdad total de la persona en su dignidad y belleza. Estas obras tienen en sí, como escondido, un elemento de sublimación, que conduce al espectador, a través del cuerpo, a todo el misterio personal del hombre que de alguna forma permite captar el significado esponsal del cuerpo que corresponde y es la medida de la pureza del corazón. Cuando la obra tiene este elemento de sublimación que incluye la cualidad de no inducir al mirar para desear, no parece ofrecer objeciones morales.La belleza debe entenderse como resplandor de la verdad y del bien particularmente de la verdad suprema y del bien último que se identifican con Dios. El Concilio Vaticano II, en su acto de clausura, lanzó un mensaje mundial a los artistas. Entre otras cosas decía: «Este mundo en que vivimos tiene necesidad de la belleza que, como la verdad, es quien pone la alegría en el corazón. Es el fruto precioso que une las generaciones y las hace comunicarse en la admiración». «Recordad que sois los guardianes de la belleza en el mundo».

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