ABC
Imaginemos que los fascistas no existen. Es fácil, si lo intentamos. Incluso a quienes simplemente albergan opiniones de la derecha populista se les puede borrar de la conciencia colectiva como por arte de magia, al menos en Bélgica. Desde la década de 1980, su mitad francófona ha aplicado la política de excluir a cualquier político con opiniones que se alejen del consenso centrista. Con estos cordones sanitarios, o cortafuegos políticos, se pretende proteger a los votantes de las ideas erróneas —quizá el argumento de un político de que se debe frenar la inmigración o una diatriba desmesurada contra la Unión Europea—. Los medios de comunicación silencian esas opiniones demagógicas negándose a entrevistar a los políticos que las propugnan. Cualquiera con... Ver Más
Go to News Site