Faro de Vigo
Raquel (nombre ficticio) llegó a Vigo en 2020 para procurarse medios económicos para su hija enferma y para otros menores que tenía a su cargo. En plena época del COVID, en situación irregular en España, sin apoyos, sin apenas dinero y sin posibilidad de encontrar otro medio de vida, empezó a ejercer la prostitución en dos chalés de la ciudad olívica. Allí se encontró, a la luz del sumario judicial que derivó de este caso, con un rígido y «humillante» sistema de normas que incluían multas y sanciones y la obligación de estar disponible los siete días de la semana durante las 24 horas del día, así como de vender droga a clientes e incluso consumirla ella misma para «aguantar la duración excesiva de los servicios sexuales». Llegó a tener que prestarlos «hasta tres días seguidos consecutivos sin descanso» e incluso «en condiciones de salud deplorables», lo que se unía al «hacinamiento» que soportaba en la habitación donde malvivía y dormía con otras jóvenes en su misma situación.
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