Confidencial Digital
Hay coches que entran en un concesionario como quien pisa un taller a primera hora: sin ruido de escaparate, pero con ese olor a aceite caliente que avisa de que algo funciona. En un mercado español cada vez más electrificado, más competido y mucho más caro que hace solo unos años, el utilitario rumano sigue moviéndose con la precisión de una llave fija bien ajustada. No es el más aspiracional, ni el más potente, ni el que presume de pantallas gigantes. Pero vuelve a colocarse donde de verdad duele a sus rivales: en el momento de la firma, en la decisión de compra y en el bolsillo. Y ahí, entre cuotas, etiqueta ECO y depósitos largos, está la pista de por qué sigue marcando el ritmo.
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