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La violonchelista que ahora susurra a las plantas: la nueva vida de Bea Andrés en la Garrotxa | Collector
La violonchelista que ahora susurra a las plantas: la nueva vida de Bea Andrés en la Garrotxa
Cope Zaragoza

La violonchelista que ahora susurra a las plantas: la nueva vida de Bea Andrés en la Garrotxa

La carrera de Bea Andrés, violonchelista profesional graduada en el prestigioso Conservatorio de Ámsterdam, dio un giro de 180 grados a causa de la pandemia. La cancelación de sus conciertos por todo el mundo la empujó a aparcar el instrumento y apostar por su otro "sueño": la fitoterapia. Este nuevo camino la ha llevado a abrir una herboristería, Arthemis, en Beget (Ripollès), un pequeño núcleo rural en la Alta Garrotxa. "Estudié como una loca, de la misma manera que lo hice con el violonchelo para poder dedicarme a ello", explica sobre su intensa formación, que partió de una base autodidacta y se consolidó con estudios de fitoterapia clínica en la Universidad de Barcelona. Desde hace cinco años, Bea Andrés vive en Beget, un pueblo de apenas una veintena de vecinos donde ha encontrado su lugar. "Me enamoré del sitio", confiesa. En la planta baja de su vivienda ha instalado la pequeña tienda desde donde comparte su pasión. "Siempre he confiado mucho en las plantas, han hecho mucho por mí", asegura. Esta conexión con lo natural no es nueva para ella, sino que es un sentimiento que la acompaña desde la infancia. "Tengo el recuerdo de que cuando estaba en la naturaleza, estaba bien de verdad, y todavía me sigue pasando", rememora sobre su bienestar en entornos silvestres. Al llegar a la zona, buscó el contacto con la gente mayor y las remeieres, las mujeres que atesoran el saber ancestral sobre las plantas. "La última Su enfoque se centra en las plantas medicinales de la Alta Garrotxa y el Pirineo. "Aquí también tenemos medicina y es muy potente, creo que no se debe olvidar y es parte fundamental de nuestra historia", señala. En sus salidas al bosque, Andrés ha localizado especies poco comunes, como la fetgera o las orelles d'os, que crecen en grupos muy reducidos. Por ello, aplica un principio básico de recolección sostenible: "nunca se debe recolectar más de un tercio de lo que te encuentras", una regla de oro para garantizar la regeneración de las plantas y el equilibrio del ecosistema. Junto a estas especies más singulares, también trabaja con otras más conocidas y abundantes como el saúco, el romero, la melisa o el tomillo. La materia prima que vende en Arthemis es una combinación de lo que cosecha en el bosque, lo que cultiva en un terreno propio y lo que adquiere a proveedores de proximidad para aquellas plantas que no se encuentran en la zona. Además de su profundo conocimiento en fitoterapia, recientemente ha comenzado a formarse en medicina china para ampliar todavía más su perspectiva sobre la salud holística. Bea Andrés advierte sobre los riesgos de usar plantas sin conocimiento y defiende la necesidad de ponerse en manos de profesionales. "Una hierba puede matarte, hacerte pasar un mal rato o también curarte", afirma con rotundidad. En su tienda, la escucha y la observación son fundamentales para ofrecer un tratamiento personalizado. "No hay fórmulas mágicas, tampoco en la medicina moderna, pero son ayudas para estar mejor", matiza, y añade que si estas hierbas se siguen usando después de tantos años, "por algo será". Entre los problemas que más le consultan sus clientes se encuentran el estrés, el insomnio y los problemas digestivos. Sin embargo, Andrés va más allá del síntoma y evalúa el contexto de cada persona. "Muchas veces también se trata del ritmo de vida que lleva la persona y habría que hacer una evaluación de cada situación personal, un enfoque más holístico, como hace la medicina china", explica. Esta visión integral es la que le permite ofrecer una ayuda más completa y efectiva a quienes la visitan. Desde que abrió la tienda hace diez meses, el balance es muy positivo. Para superar las barreras geográficas de un pueblo como Beget, tuvo claro desde el principio que debía ofrecer venta en línea. "No todo el mundo puede llegar hasta aquí y eso me permite llegar a mucha más gente", afirma. La acogida en el pueblo ha sido excelente y cada vez más personas se acercan a Arthemis en busca de sus remedios. "Estoy muy contenta, he tenido muy buena acogida en el pueblo y mucha gente se ha acercado a la tienda, esperemos que siga así", celebra.

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