COPE
Tres mujeres, tres historias y un mismo objetivo. María tiene 93 años, muy enraizada en Valsaín, Segovia, siempre se ha dedicado a su casa, a su familia. Natalia tiene 40 años y vive en Valladolid donde ha levantado una clínica con 20 trabajadores, pero su mayor empresa es su familia. Ya en Toro encontramos a Johana, tiene 30 años, acaba de abrir una pequeña tienda con productos de la tierra. Tres generaciones distintas, tres vidas y una meta: ser felices y sentirse mujeres realizadas. En Valsaín, un pueblo de Segovia de apenas 200 vecinos, la historia se cuenta a través de sus mayores. María del Carmen, a sus 93 años, es una de las 16 personas que han superado las nueve décadas en esta localidad. Viuda y con tres hijas, su vida es el reflejo de casi un siglo de experiencias. Su biografía arranca con la pérdida de su madre cuando apenas tenía dos años, un hecho que la llevó a vivir junto a su padre hasta que este falleció. Ha dedicado su vida al cuidado de su familia, un pilar fundamental para ella. A pesar de su avanzada edad, la memoria de María no flaquea. Recuerda con nitidez el dolor de la guerra, un conflicto que, aunque lo vivió siendo una niña, dejó una huella imborrable. El daño entre vecinos, las muertes y los saqueos son imágenes que rememora como si hubieran ocurrido ayer. Viuda, con tres hijas, nietas y un bisnieto, esta mujer de un pequeño pueblo de Segovia repasa una vida de casi un siglo marcada por la guerra, el amor y la familia. Vivió la guerra, sí, pero no todos los recuerdos son amargos. En su memoria también atesora momentos amables, como el día que conoció a su marido en el baile, con quien compartió casi 70 años de su vida hasta su fallecimiento. Hoy, aunque vive sola con el apoyo de una cuidadora, se mantiene autónoma para realizar tareas diarias y le encanta cocinar. Se siente muy arropada por su familia, a la que ve casi a diario. Son ellos quienes le recuerdan, cuando echa la vista atrás, que ha sido feliz. Sin embargo, reconoce que le ha quedado una espinita clavada: no haberse sacado el carnet de conducir. El salón de su casa es un santuario de afectos, presidido por las fotografías de su marido, sus hijas, nietas y su bisnieto, Álvaro. Un espacio cálido que, junto al crepitar del fuego en la chimenea, recoge el inmenso cariño y la profunda historia de una vida llena de sentimientos y recuerdos. Natalia, a sus 40 años, es madre de tres niños y una empresaria de éxito. Tras el reciente nacimiento de Juan, su tercer hijo, compagina la gestión de su clínica dental en Valladolid, que cuenta ya con 20 trabajadores, y su vida familiar. Para ella, ambos proyectos han crecido de la mano y considera que "sería muy difícil el uno sin el otro, aunque parezca lo contrario". La clave de su día a día es una organización casi "militarizada", como ella misma describe. Las rutinas son fundamentales para sus hijos, Javier de 11 años, Marcos de 7 y el recién nacido Juan. En esta tarea, destaca el papel fundamental de su marido, David, que es profesor y puede compaginar mejor los horarios. Como ortodoncista, sus tardes están ocupadas en la clínica, pero ha logrado reservar tres mañanas para trabajar desde casa en tareas de gestión y estudio. Natalia tiene una máxima: "Mi experiencia es que cuanto más cosas tengo que hacer, más tiempo saco". Para ello, prioriza y elimina distracciones como las redes sociales, prefiriendo levantarse 45 minutos antes para hacer deporte. Al comparar sus dos grandes proyectos, Natalia no tiene dudas sobre cuál es la empresa más difícil de gestionar. "Es mucho más difícil la empresa que la familia", asegura con rotundidad. A pesar de que los niños no se crían solos, afirma que su familia es su "serenidad", un refugio frente a las complejidades del mundo empresarial. Reconoce que "ser autónomo en este país no es tarea sencilla" y que los problemas de cada trabajador se convierten en los suyos propios. Esta responsabilidad constante es uno de los factores que, en su opinión, hacen más complicada la gestión de su negocio en comparación con la vida familiar. El origen de su carrera como empresaria fue casi una casualidad, una decisión tomada "de un día para otro" para poder trabajar en Valladolid en sus propios términos. Inspirada por una familia "muy de trabajar", donde su madre le inculcó la importancia de ser independiente, ha logrado un equilibrio que considera pleno. Por ello, lanza un mensaje a las mujeres que posponen la maternidad esperando el momento perfecto. "Si quieres tener hijos, no te pongas a hacer una plantilla de ventajas y desventajas, porque vas a sacar 100 desventajas", aconseja. Sostiene que, aunque no sea fácil, "queriendo se puede" y que priorizar la familia es, en su opinión, el camino a la felicidad. En pleno centro de Toro (Zamora) se encuentra la frutería de Johana Marbán Ferrer, una joven de 30 años que ha decidido emprender en su pueblo natal. Después de pasar nueve años fuera, regresó con el objetivo de abrir su propio negocio y contribuir a revitalizar la localidad, un lugar que, según sus palabras, se estaba quedando "vacío, sin ambiente, sin nada". A punto de cumplirse un año desde que abrió la tienda el 3 de abril, Johana asegura que ha sido "la mejor decisión que he podido hacer". Su iniciativa no solo le ha permitido establecerse, sino que ha devuelto "más color" y "más gente" a una zona muy parada del municipio, generando un mayor movimiento de personas que suben desde los alrededores. El camino, sin embargo, no ha sido sencillo. "No, no ha sido fácil. Ha sido complicado, pero con fuerza y con lágrimas, se tira para adelante", confiesa la joven. En este proceso, el apoyo de su familia ha sido fundamental, especialmente el de su madre, Raquel, quien le ayuda en la tienda y se muestra orgullosa de la valentía de su hija. Aunque había estudiado estética y trabajado en hostelería, la idea de la frutería surgió de forma espontánea, influida por la experiencia de su madre y su tía en el sector. Su historia es un ejemplo de lucha contra la despoblación desde la iniciativa personal, uniendo las facetas de mujer, joven y emprendedora en el medio rural. Johana lanza un mensaje claro a quienes se plantean iniciar un proyecto similar en un pueblo: "Si tiene ganas de emprender, hazlo, siempre". Anima a no quedarse con la duda del "qué hubiera pasado", porque, como ella misma afirma, "El que no arriesga, no gana". Reconoce que ser autónomo es difícil y que hay días complicados, pero insiste en la importancia de no rendirse. "Por un día malo que hayas tenido, mañana puede ser bueno", declara con optimismo, convencida de que es fundamental "nunca perder la esperanza" para que negocios como el suyo sigan reviviendo los pueblos.
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