Vanguardia
Recién leo sobre una tortuga que ha cumplido 193 años. Nació en 1832 y sigue vivo. Ha visto mucho, tal vez dándose cuenta o no de lo que ha sucedido en este mundo. No sé qué tan consciente puede llegar a ser una tortuga. Pero su historia me recuerda a otra publicación que vi hace poco. Una persona declaró, “Bienvenidos al fin del mundo.” La respuesta de un joven muy inteligente y sensible, desde mi criterio, respondió que el ser humano no podría aspirar a más que destruirse a sí mismo. O sea que el ser humano podría desaparecer de la Tierra, sí, pero la Tierra seguirá existiendo. Cierto eso. Reflexioné en lo grandioso e importante que nos consideramos. No pretendo decir que no somos una parte importante en la ecología y el estado de la Tierra, pero no somos el mundo, y menos el Universo.
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