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Canarias se asoma a la 'doble moneda del cambio climático': a partir de ahora se multiplicarán los fenómenos extremos de lluvias o sequías | Collector
Canarias se asoma a la 'doble moneda del cambio climático': a partir de ahora se multiplicarán los fenómenos extremos de lluvias o sequías
Cope Zaragoza

Canarias se asoma a la 'doble moneda del cambio climático': a partir de ahora se multiplicarán los fenómenos extremos de lluvias o sequías

Canarias ha vivido un inicio de año marcado por la inestabilidad. Tras un 2025 protagonizado por una sequía preocupante, el archipiélago ha encadenado una borrasca tras otra desde el mes de enero. Nombres como Francis o Therese o las sucesivas DANAS han traído consigo un cóctel de alertas por lluvias, tormentas, vientos, nieve en las cumbres, fenómenos costeros y hasta calima. Esta sucesión de eventos ha sembrado una duda en la ciudadanía y en la comunidad científica: ¿estamos ante una nueva normalidad? ¿Es el cambio climático la causa directa de este tren de borrascas? Para arrojar luz sobre esta cuestión, hoy en Herrera en COPE Tenerife hemos hablado con  el doctor en Geografía Física por la Universidad de La Laguna, Abel López,  que además, esautor de una tesis doctoral que  se centró precisamente en el cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos. Y sí, parece que estos últimos, serán cada vez más frecuentes. Según López, aunque la hipótesis está sobre la mesa, "es un poco pronto para atrevernos a confirmar al 100 por 100 que el cambio climático es una de las causas de este tren de borrascas tan continuado". El experto subrayó la dificultad de atribuir un hecho concreto o una serie de ellos al cambio climático, ya que este, no "causa per se una borrasca". De hecho, esta situación rompe con los patrones previstos, que apuntaban a una disminución progresiva de las precipitaciones en las islas. Lo que sí se venía observando era un cambio en la estacionalidad, con las lluvias del invierno desplazándose hacia la primavera y el otoño. La clave para entender lo que podría estar ocurriendo reside en un concepto que el geógrafo define como la doble moneda del cambio climático. Este fenómeno implica que, en materia de precipitaciones, nos enfrentamos a dos escenarios completamente opuestos y extremos. Si este patrón se repite en los próximos años, se confirmaría como una de las consecuencias más directas del calentamiento global en la región. Canarias podría experimentar, por un lado, periodos con volúmenes de lluvia muy superiores a la media, como los vividos recientemente, y por otro, encadenar varios años consecutivos de sequías muy prolongadas, como las que ya ha sufrido el archipiélago. Abel López insiste en que, para poder hablar de un patrón consolidado, es necesario esperar a "ver qué fotografía nos depara en los próximos años en las Islas Canarias". Sin embargo, la advertencia es clara: el archipiélago debe acostumbrarse a los fenómenos extremos. Y no solo a los relacionados con la lluvia. López pone el foco en "los grandes olvidados": las temperaturas. "Las olas de calor cada vez más intensas, más frecuentes y que al final también tienen un impacto directo sobre la salud" son, en su opinión, el fenómeno que más debería preocupar a la sociedad canaria en el futuro inmediato. Más allá de las proyecciones futuras, el experto recuerda que el clima de Canarias, por su propia naturaleza, ya es propenso a eventos de carácter torrencial. Episodios históricos como el del 31 de marzo de 2002 en Santa Cruz de Tenerife, o los de 1957 en La Palma y 2014 en Gran Canaria, demuestran que el riesgo es una característica inherente al territorio, independientemente del cambio climático. Por ello, lanza un mensaje fundamental que resuena como el principal desafío para las islas: la necesidad de adaptarse primero a las condiciones climáticas actuales como paso previo para afrontar las futuras. Para López, esta adaptación es sinónimo de prevención. Y la prevención, asegura, es "la clave cuando estamos hablando de reducir el riesgo". Este enfoque implica integrar de manera mucho más efectiva el riesgo en la planificación urbana y la ordenación del territorio, dos asignaturas que, según el geógrafo, "hemos olvidado tristemente en estas décadas pasadas". Cada evento extremo, ya sea de viento, lluvia o fenómenos costeros, "nos refleja dónde están los sectores más vulnerables de nuestro territorio", afirma. La solución no pasa solo por la acción institucional, sino también por la pedagogía, la formación y la concienciación ciudadana. Uno de los aspectos que más ha desconcertado a la población es la coincidencia de fenómenos aparentemente contradictorios, como la presencia de calima junto a nieve, lluvia y viento. Abel López desmitifica una creencia popular: la calima no es exclusiva del verano. De hecho, "prácticamente la mitad de las calimas suceden en los meses de invierno", y las más potentes se registran en esta estación. Lo que sí es novedoso, y se alinea con los estudios sobre riesgos asociados al cambio climático, es la concatenación de distintos eventos extremos simultáneos. Gestionar múltiples riesgos a la vez —térmicos, pluviométricos, costeros, etc.— es mucho más complejo para los servicios de emergencia que afrontar un único fenómeno. Esta complejidad se agrava por una realidad urbanística insostenible. El reciente ejemplo de viviendas afectadas por la lluvia en la zona de El Pris, en  Tacoronte es solo una muestra de un problema extendido por todo el archipiélago. "Pasa muchísimo más de lo que desearíamos", lamenta López. La ocupación de cauces de barrancos o la construcción en primera línea de costa exponen a la población a un peligro inaceptable. Ante esta situación, el geógrafo advierte que el aumento del nivel del mar hará que el riesgo en ciertos núcleos costeros sea "incompatible con tener gente viviendo en esos puntos". Por ello, considera que la administración deberá afrontar un debate "nada fácil y nada sencillo": el de la reubicación de poblaciones. "Tener gente viviendo en lugares donde los niveles de riesgo son muy altos es inconcebible", sentencia.

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