Diario de Noticias
El paso de Osasuna por Mendizorrotza dejó una herida abierta que trasciende el marcador y se instala de lleno en la incomprensión arbitral. La expedición rojilla abandonó el feudo vitoriano envuelta en una mezcla de rabia y desconcierto tras la decisión de Soto Grado de señalar un penalti de Catena que terminó por dinamitar el encuentro. En el seno del club navarro no se entiende cómo una acción que sobre el césped pasó inadvertida por su levedad terminó convirtiéndose en una pena máxima definitiva tras la intervención del VAR.
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