Faro de Vigo
«Para no variar», bromea Roberto López. El lucense afincado en Sabarís viaja al Himalaya por cuarta vez en el último lustro. Y en esta ocasión repite también la montaña específica a la que se enfrenta o cuya benevolencia cortejará. El Makalu (8.485) se le escurrió entre los dedos el año pasado. Un defecto en una de las botellas de oxígeno le obligó a renunciar a apenas 200 metros de la cumbre. López, con todo, no encara la expedición desde la revancha o el rencor, que en él no tienen cabida. Lo ha decidido por pragmatismo y fascinación. «Aunque en la vida no hay tiempo para todo, hay montañas que merece la pena repetir».
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