Ultima Hora Mallorca
El 20 de diciembre de 1943, un bombardero estadounidense Boeing B-17 Flying Fortress, auténtica fortaleza volante de la época, atacó un objetivo en la ciudad alemana de Bremen, junto con otras aeronaves aliadas. Sin embargo, el fuego antiaéreo nazi dañó el avión del teniente Charlie Brown (marrón, en inglés), que con semejante apellido no podía irse de rositas. El piloto, junto a sus nueve hombres, se retrasó en la formación, pensando que estaría más protegido, pero de entre unas nubes aparecieron los temibles cazas Messerschmitt Bf-109 de la Luftwaffe, que remataron al maltrecho B-17. Uno de los artilleros murió y el resto de la tripulación quedó malherida, entre ellos Brown. El fuselaje era un queso gruyère y a 8.320 metros de altura la tripulación se estaba congelando mientras se desangraba. Vamos, que pintaba muy fea la cosa. Como Brown era un poco gafe, mientras huía hacia el Canal de la Mancha emergió otro caza enemigo, pilotado esta vez por el as de la aviación Franz Stigler.
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