Diario CÓRDOBA
Córdoba es para buena parte del mundo la ciudad de las flores; o por lo menos esta es la imagen de ella que más ha calado a nivel internacional, de la mano fundamentalmente de la Fiesta de los Patios, tan adulterada, por desgracia, desde que decidimos apostar por el turismo de aluvión y la mercantilización de lo que nació para que sus propietarios compartieran durante unos días con el resto de cordobeses una forma muy concreta de vida y una actitud ante la misma. Por otro lado, sabido es que cuenta con cuatro declaraciones de Patrimonio de la Humanidad y enarbola ante propios y extraños la bandera de su singularidad con orgullo de raza y el peso de un acervo colectivo atesorado durante 5.000 años. No obstante, este último privilegio implica un componente altísimo de responsabilidad, en primer lugar por parte de las administraciones, que deben velar por que se cuiden y se respeten las señas de identidad que nos hacen únicos, y también de la ciudadanía, necesitada de entender que, como la cuestión de valor que en último término representa, el patrimonio es cosa de todos.
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