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Andreu Canals descubre 'el aeródromo olvidado'
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Andreu Canals descubre 'el aeródromo olvidado'

El historiador aeronáutico Andreu Canals se desempeñó durante décadas como telegrafista en Telefónica, pero al jubilarse decidió entregarse por completo a su verdadera pasión: la aviación histórica. Tras publicar en 2021 un detallado estudio sobre el aeropuerto de Son Bonet, vuelve ahora con Aeródromo Militar de Alcúdia, una investigación que rescata del olvido un episodio desconocido de la historia aeronáutica mallorquina: la existencia de un aeródromo militar activo entre 1937 y 1947 en la zona de Albufera. «No tenía ni idea de su existencia -recuerda-, hasta que encontré un documento oficial donde aparecía una representación de los aeródromos de Balears en 1947, y entre ellos figuraba el de Alcúdia». Aquella sorpresa fue el inicio de una investigación apasionante.Canals pidió información al Archivo del Ejército del Aire y, con los documentos, planos y fotografías inéditas que recibió, consiguió reconstruir un relato tan técnico como humano. «Me llegaron fotos y planos que tuve que ordenar para escribir el libro», explica. Gracias a ese material, pudo saber que la construcción del aeródromo costó 1.200.000 pesetas y que en ella trabajaron cien personas. «La principal dificultad fue el terreno -cuenta-. Estaba edificado en una zona muy húmeda, con un suelo de arena inestable. Había bombas que achicaban 50 toneladas de agua por hora, porque se inundaba con frecuencia. Por eso es extraño que el aeródromo se hiciera allí, pero se hizo».Su función durante la Guerra Civil fue relevante, máxime por tratarse de un caso singular: «Es el primer aeródromo que conozco que tenía dos zonas, una marítima para hidroaviones y otra terrestre para aviones convencionales». Aunque no hubo una escuadrilla permanente en el área de tierra, «solo aparatos de instrucción o que aterrizaban porque estaban ‘tocados’», en la parte marítima «se estableció la escuadrilla Dornier 70, trasladada desde Cádiz. Su misión era patrullar el Mediterráneo central y oriental para detectar barcos que transportaran armas desde la Unión Soviética. Como era un área enorme para cubrir, montaron una base intermedia en el Estany Pudent de Formentera».La investigación también le llevó a reconstruir la vida civil del lugar antes de la guerra. En el mismo terreno había existido un campo de golf y un hotel que «había llegado a construir una pequeña pista de aterrizaje para avionetas de sus clientes adinerados, que podían así podían llegar más fácilmente al hotel». Algunos dudan de que esa pista llegara a usarse, incluso de que existiera, pero Canals defiende su existencia con pruebas documentales: «Tengo una entrevista de 2011 a un antiguo caddy que asegura haber visto una avioneta aterrizando, y en el libro adjunto copias de facturas de materiales y partes de vuelo que lo demuestran». La historia del campo de golf expropiado y reconvertido en base aérea es, para él, el punto más emocional del relato.El proyecto del aeródromo tenía incluso la intención de sustituir al de Pollença, aunque acabó siendo abandonado. «Finalmente se dejó morir, porque el de Pollença era más fácil de defender», resume. En 1947, la instalación fue clausurada. «Después de la Guerra Civil ya no tenía actividad, y mantenerlo resultaba caro, había que pagar 8907 pesetas al año de arrendamiento». En Aeródromo Militar de Alcúdia, Canals devuelve la memoria a un espacio donde «el mar y el cielo fueron testigos de una parte olvidada de nuestra historia».

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