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La humanidad vuelve a mirar la cara oculta de la Luna medio siglo después
Cope Zaragoza

La humanidad vuelve a mirar la cara oculta de la Luna medio siglo después

La misión Artemis II ha marcado un hito histórico al llevar de nuevo a seres humanos más allá de la órbita terrestre baja para contemplar la cara oculta de la Luna, un acontecimiento que no se producía desde hace más de cincuenta años. Para el astrónomo Antonio Bernal, del observatorio Fabra de Barcelona, lo verdaderamente relevante no es tanto descubrir qué hay en esa región lunar, algo que “ya lo sabemos” desde 1959, sino el hecho de que personas puedan volver a verlo en directo. Se trata de un momento único en la era de la informática, en la que la inmediatez ha multiplicado el eco de la noticia. Como explica Bernal, “es la primera vez en 50 y tantos años que la gente la ve con sus propios ojos, no por medio de de de fotografías”. Aunque la [primera imagen de la cara oculta] se remonta a [1959], la experiencia humana directa tuvo que esperar a la [misión Apolo 8]. Aquella tripulación fue la primera en perder la comunicación con la Tierra al pasar por detrás del satélite, protagonizando un momento de máxima tensión en el control de misión de Houston durante la Navidad de 1968. Tras unos minutos de silencio angustioso, los astronautas reaparecieron bromeando: “Houston, aquí va Santa Claus”. La misión [Artemis II] es, en esencia, “una misión de prueba”, tal como la define el astrónomo. El objetivo principal no es alunizar, sino “verificar que todos los sistemas funcionen, que la seguridad de los astronautas sea la adecuada y que resistan la misión”. Este ensayo es fundamental para preparar los futuros alunizajes, con una fecha tentativa para 2028. La estrategia replica el procedimiento de las misiones Apolo 8 y 10, que orbitaron la Luna para probar sus sistemas antes del histórico descenso del Apolo 11. Las imágenes de alta resolución captadas ahora marcan una diferencia abismal con las de los años 70, aunque Bernal recuerda que la misión no tripulada Artemis I ya tomó fotografías extraordinarias en 2022. Esta nueva etapa de la exploración lunar está marcada por una fuerte presión geopolítica, una situación que recuerda a la carrera espacial original. Sin embargo, el competidor ha cambiado. Según Antonio Bernal, China está haciendo “cosas impresionantes en la aeronáutica”, y Estados Unidos “no piensa dejar el liderazgo que ha tenido toda la vida”. Esta competencia ha motivado a la NASA a acelerar sus planes, dando lugar a lo que el astrónomo describe como una contienda no declarada. A diferencia de la Guerra Fría, cuando la rivalidad con la Unión Soviética era explícita, “ahora hay una guerra implícita allí, silenciosa, una calma chicha”. La incertidumbre sobre el verdadero avance del programa espacial chino mantiene a la NASA “nerviosa”. China ya ha demostrado su capacidad con una proeza técnica de gran envergadura: aterrizar una nave automática en la cara oculta de la Luna, una operación de extrema dificultad que requirió el envío previo de un satélite de comunicaciones. Este logro ha provocado que la agencia estadounidense intensifique su estrategia de comunicación. “Aquí es que las redes sociales están saturadas de Artemis 2”, comenta Bernal, quien señala que la NASA es “muy buena en propaganda” y busca reafirmar su posición dominante en el escenario mundial. Una de las diferencias más notables que impresiona a Bernal es cómo han cambiado las condiciones de las misiones. La nave actual, asegura, es “más humana”. Mientras que las cápsulas Apolo eran extremadamente estrechas, comparables a “la cabina del piloto de un avión”, la nueva nave ofrece “una cabina digna”, con un habitáculo adecuado para estancias de varios días que incluye un baño independiente. Además, la filosofía de seguridad ha evolucionado drásticamente. “Por cualquier cosa, se suspende, y listo”, afirma el astrónomo, destacando que ahora se prioriza la cautela, a diferencia de épocas pasadas en las que las misiones continuaban bajo mayores riesgos.

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