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La «Capadocia malagueña»: el laberinto de cuevas habitadas que parece el set de una película de ciencia ficción | Collector
La «Capadocia malagueña»: el laberinto de cuevas habitadas que parece el set de una película de ciencia ficción
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La «Capadocia malagueña»: el laberinto de cuevas habitadas que parece el set de una película de ciencia ficción

Entre tajos , roca abierta, barrancos y silencio, Bobastro no parece una ruina cualquiera del interior de Málaga. El enclave, encaramado en las Mesas de Villaverde, junto al entorno del Desfiladero de los Gaitanes, se ha ganado con el tiempo la comparación con una « Capadocia malagueña ». No porque reproduzca la escala ni el modelo de ocupación del enclave turco, sino por su paisaje troglodítico , por la roca horadada y por esa imagen casi irreal que lo convierte en uno de los escenarios más singulares de la provincia. La comparación nace de lo que ve el visitante. Bobastro conserv a cuevas y viviendas excavadas en la roca que fueron habitadas históricamente, además de restos militares, necrópolis, construcciones religiosas y otras estructuras repartidas por la montaña. Lo que sobrevive no es, por tanto, una cueva aislada ni una ruina pintoresca sin contexto, sino el esqueleto de una auténtica ciudad-fortaleza adaptada a un relieve áspero y casi inexpugnable. Ahí reside buena parte de su rareza. Bobastro fue la capital de la rebelión de Omar ibn Hafsún contra el poder omeya de Córdoba , uno de los episodios más convulsos de la Andalucía altomedieval. La ciudad se asentó en un emplazamiento de defensa natural, recortado por mesetas y barrancos, y esa relación extrema con el terreno es precisamente la que hoy explica su apariencia de decorado futurista. No fue una población levantada en la comodidad de una llanura, sino una plaza fuerte construida para resistir . El vestigio más conocido del yacimiento, y también el más fotogénico, es la iglesia rupestre mozárabe de Bobastro. Excavada directamente en la roca y fechada en torno al año 917 , está considerada por las fuentes institucionales como una pieza única en su género , vinculada además a un complejo eremítico conventual. En mitad del roquedal, la basílica tallada en piedra añade al impacto visual una poderosa dimensión histórica: en este paisaje duro y quebrado no solo hubo refugio y defensa, también hubo culto, comunidad y una huella excepcional del cristianismo mozárabe en tierras de al-Ándalus. Pero Bobastro guarda todavía otra clave que agranda su valor. Lo que el visitante contempla hoy es solo una parte del antiguo enclave. La zona más visible y puesta en valor gira sobre todo en torno a la iglesia rupestre, mientras muchos restos de la ciudad permanecen dispersos por la montaña y fuera del recorrido más conocido. Esa condición de gran yacimiento parcialmente oculto refuerza su magnetismo. La historia aquí no se ordena en una plaza ni se concentra en una sola postal: aparece fragmentada, adherida a la peña y repartida entre cornisas, plataformas y cortados. Ese carácter incompleto subraya además que Bobastro tiene personalidad propia . La semejanza con Capadocia se sostiene en la potencia visual de la roca excavada y del relieve abrupto, pero el enclave malagueño ofrece un perfil mucho más áspero , ligado a la sierra, a la fortaleza y a la memoria de una ciudad rebelde. Hay belleza, pero también tensión histórica. Hay paisaje, pero también una historia de frontera, conflicto y resistencia. El entorno termina de agrandar el conjunto. Bobastro forma parte de un territorio de enorme densidad patrimonial junto al Caminito del Rey , la Cueva de Ardales y otros hitos del área de los Gaitanes. En pocos kilómetros se concentran geología extrema, arqueología rupestre e historia altomedieval. De ahí la impresión que deja el enclave: la de un escenario de ciencia ficción levantado sin artificio, donde la montaña puso la escenografía y la historia la excavó el hombre hace más de mil años. Por eso Bobastro se ha consolidado como una de las imágenes más sorprendentes del patrimonio malagueño . No por una comparación ingeniosa, sino por lo que realmente conserva: una ciudad rebelde excavada en la montaña, un laberinto de roca habitada y una de las estampas más singulares de Andalucía.

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