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Jóvenes emprendedores rescatan la tradición del churro que desaparecía en la Cataluña Central | Collector
Jóvenes emprendedores rescatan la tradición del churro que desaparecía en la Cataluña Central
Cope Zaragoza

Jóvenes emprendedores rescatan la tradición del churro que desaparecía en la Cataluña Central

Una nueva hornada de jóvenes emprendedores está decidida a que las tradiciones no caigan en el olvido. En la Cataluña Central, la costumbre de disfrutar de unos buenos churros, un gesto social y gastronómico arraigado durante generaciones, se estaba perdiendo por la falta de relevo generacional en negocios históricos. Sin embargo, dos iniciativas en Vic (Osona) y Artés (Bages) han revertido esta tendencia, demostrando que la pasión y la visión de futuro pueden mantener viva la llama de la tradición y, de paso, revitalizar el tejido social de sus localidades. La ciudad de Vic se enfrentó a un duro golpe simbólico en enero de 2025, cuando la única churrería de la ciudad, con más de 150 años de historia, cerró sus puertas definitivamente. La falta de alguien que tomara las riendas del negocio dejó un vacío en la capital de Osona. Apenas un año después, los hermanos Daniel y Adán López decidieron pasar a la acción. Abrieron La Xurre by Pla B con una misión clara: "mantener viva esta tradición", como explica Adán en declaraciones a ACN. Para ellos, el churro va más allá del simple dulce. "El xurro es historia: des de petits, tothom ha menjat xurros amb xocolata, però a Vic s'estava perdent el costum de quedar amb la família o els amics per menjar-ne, i nosaltres ho hem volgut mantenir", afirma. El éxito de la propuesta ha sido inmediato y rotundo. Ubicados en un local estratégico a tocar de l'Hospital de Vic, los hermanos López han visto cómo su negocio se llena a diario. "Ha sido un acierto", añade Daniel, quien destaca el componente emocional de su producto. "Venen moltes famílies; menjar o regalar xurros és un acte d'estimar", subraya. El establecimiento, que actualmente funciona de lunes a viernes con un equipo de cuatro personas, se ha convertido en un nuevo punto de encuentro para los vigatans, recuperando un ritual social que parecía perdido. La gran acogida ha impulsado a los hermanos López a trazar ambiciosos planes de futuro. A partir del próximo mes de septiembre, tienen previsto abrir también durante los fines de semana para satisfacer la creciente demanda. Además, están ultimando los detalles para poner en marcha una 'food truck' que se instalará en la emblemática plaça Major de Vic durante los días de mercado, los martes y sábados. Este crecimiento implicará necesariamente una ampliación del equipo. "Aviat haurem d'ampliar el personal", admite Adán. Con todo, la mayor satisfacción para ellos es la respuesta de la gente: "Nos dicen que estamos recuperando una tradición, y eso es lo que nos hace realmente feliços". El fenómeno no se limita a la capital de Osona. En Artés, un municipio del Bages, un joven de 22 años ha puesto fin a una ausencia que duraba más de tres décadas. Ernest Aymerich Montañola ha inaugurado l'Artesenca, una churrería ambulante que ha devuelto al pueblo una estampa que no se veía en más de 30 años. La iniciativa nace de una vocación temprana, como él mismo relata a ACN: "Desde pequeño he tenido una gran fascinación por el mundo de los negocios ambulantes y por las atracciones de fira". La idea de montar su propio negocio cobró forma mientras ayudaba a un amigo en su churrería durante las ferias. "Me di cuenta de que quería que aquel momento durara más, así que decidí abrir mi propia churrería", explica. El camino no fue fácil y se convirtió en un reto personal que superó con determinación. "Fue todo un reto: reformar el remolc, aprender electricidad y pintura, pero con ayuda de amigos y familiares lo conseguimos", recuerda con orgullo sobre el proceso de dar vida a su sueño. El concepto de l'Artesenca se basa en una apuesta decidida por la calidad y la identidad local. Aymerich cuida cada detalle, desde la selección de los ingredientes, con harina de Vilafranca del Penedès y chocolate belga, hasta el nombre del negocio, un juego de palabras que fusiona sus raíces, 'Artés', con la filosofía del producto, 'artesà'. Esta combinación de calidad y autenticidad ha sido clave para conectar con los vecinos y consolidar su propuesta en el pueblo. Sin embargo, para Ernest Aymerich, el objetivo trasciende la simple venta de churros. Su mayor motivación es el impacto social que está generando. "Lo que más me apasiona es dar vida a un espacio del pueblo que a menudo estaba vacío y convertirlo en un punto de trobada los diumenges", confiesa. Su churrería ambulante ha transformado un rincón de Artés en un lugar de socialización. "La gente ve, compra xurros i es queda a xerrar. És molt gratificant veure com la tradició torna a formar part del dia a dia del poble", concluye. Su trabajo demuestra cómo un negocio puede convertirse en un catalizador para la vida comunitaria. En definitiva, las historias de La Xurre y l'Artesenca son un reflejo de una tendencia esperanzadora. La visión y el empuje de jóvenes como los hermanos López y Ernest Aymerich no solo están salvando un producto gastronómico, sino que están fortaleciendo los lazos comunitarios y demostrando que las tradiciones, lejos de ser un ancla en el pasado, pueden ser un poderoso motor de futuro si se abordan con pasión, respeto y una mirada innovadora. El churro, en sus manos, vuelve a ser un símbolo de encuentro, calidez e identidad local.

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