Faro de Vigo
Cuando el actual embalse de Conso se construyó en 1975, los expertos ya apelaban a dar un paso más allá en la efervescente construcción de los saltos de agua para ayudar al sistema energético a ser más resiliente. «En el futuro no deben dedicarse exclusivamente a regularizar las aportaciones hidroeléctricas, sino como almacenes de energía destinados a subsanar las deficiencias en el suministro que pueden producirse por cualquier causa», recoge una publicación de la la Revista de Obras Públicas del Colegio de Caminos, Canales y Puertos de Madrid sobre las obras de la presa en la localidad ourensana de Vilariño de Conso. El problema entonces no estaba en los excedentes de generación de las fuentes renovables, como sucede ahora. Pero los bombeos, que absorben la electricidad sobrante usándola internamente para llevar el agua de nuevo desde la balsa inferior a la superior, sí podían aliviar los cambios bruscos en el consumo o los paros de las centrales térmicas por averías o mantenimiento.
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