Faro de Vigo
Hace nueve siglos se firmó el documento más antiguo que menciona a la Ribeira Sacra. Era el escrito fundacional del monasterio de Santa María de Montederramo. En aquel documento medieval, del 21 de agosto de 1124, la reina Teresa de Portugal donaba a los monjes unos terrenos para construir un cenobio en un enclave de la ‘Rovoyra Sacrata’. El peso de la historia se respira casi un milenio después, entre paredes que susurran la relevancia del lugar, mientras el canto atenuado de los pájaros llega al interior. Pese a que el reparto de la propiedad del monasterio de origen cisterciense de Montederramo muestra una conservación heterogénea del conjunto —hay una parte privada, en la que se encuentra el hermoso claustro de la hospedería, sin uso ni mantenimiento—, otra de titularidad pública, así como la zona de la iglesia, que pertenece a la diócesis—, la importancia histórica del lugar se impone sobre los detalles. Al atravesar la puerta de acceso al antiguo colegio público San Mamede, los pasos resuenan con eco en el claustro reglar, o procesional, que se habilitó como patio de juegos del centro educativo desde su inauguración, en 1986, hasta que el escaso número de niños obligó a cerrar en 2014 la escuela en este municipio rural de la montaña de Ourense que, según los datos más recientes del Instituto Galego de Estatística, tiene 659 habitantes y una media de edad elevada, de 60,67 años.
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