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'Euphoria' nació, y creció, como un espejo de la generación Z, una serie descarnada sobre los miedos y el vacío existencial de un grupo de adolescentes que huía de las miserias de la realidad a través del sexo o las drogas. En su madurez, sin embargo, ha terminado encontrando más demonios que los que torturaron a sus protagonistas. Lastrada por todo tipo de infortunios, ha pasado de serie evento, de fenómeno, a la categoría de maldita. Como a la Rue de Zendaya, ha llegado incluso a dársela por perdida, sepultada por las polémicas internas, los conflictos entre actores y equipo creativo, la incompatibilidad de agendas de sus intérpretes, que empezaron como promesas y terminaron convertidos en estrellas. Cada paso, cada avance, encontraba una piedra más grande en su camino, como la irreparable muerte del corazón moral de la ficción, Angus Cloud, tras lidiar con sus propios problemas mentales. Paralizada por las huelgas de guionistas de actores y guionistas de 2023, contaminada por el ruido mediático, las expectativas y las continuas filtraciones, por las desavenencias narrativas y los choques de egos, el drama creado por Sam Levinson vuelve cuatro años después con una tercera temporada envuelto en el más estricto misterio, con la información justa, la de algunos fichajes estrella como Sharon Stone, con salto temporal y con un regusto a amarga despedida. Se espera, porque la prensa no ha podido acceder a visionados previos al estreno de la serie el próximo 13 de abril, que 'Euphoria' mantenga su impronta visual, artística, llena de esos colores que alimentaban la sensación del viaje lisérgico de sus protagonistas, siendo sobre todo la primera serie que rueda un volumen significativo de su metraje en 65 mm, lo que permite una imagen ampliada en pantalla que refleja el periplo de los personajes al salir del instituto hacia un mundo más amplio y salvaje. También que conserve el nivel con el que continuó su gran debut, allá por 2019, a pesar del irregular periplo de Sam Levinson, elevado a categoría de ídolo con el estreno de la serie pero deteriorado por las críticas negativas y las filtraciones de ambiente tóxico de la serie 'The Idol', por la que llegó a aparcar 'Euphoria'; enmendado incluso por la propia HBO Max, a la que no le gustó su propuesta argumental de convertir a la protagonista en una detective privada y emponzoñado por los rumores de sus discrepancias creativas con Zendaya, que ya no ejerce como productora ejecutiva. Vuelve, sin embargo, a lo grande, más adulta y con el pleno compromiso de una cantera de intérpretes a los que regaló la fama mundial, de Zendaya a Jacob Elordi, Hunter Schafer o Sydney Sweeney, y con incorporaciones de altura como la de Rosalía , a cargo de temas originales de la banda sonora junto a Hans Zimmer y Labrinth y en el papel de una bailarina de 'striptease', con acrobacias en una barra de 'pole dance' incluidas. Interpreta también a una bailarina la actriz Priscilla Delgado , conocida por haber dado vida a una de las niñas de la serie 'Los Protegidos', que da el salto internacional con la superproducción de HBO Max y asume con naturalidad el reto de hablar de 'Euphoria' sin desvelar apenas detalles, de mantener los códigos de los fenómenos, que pasan por demostrar mucho y hablar poco, por respetar la rígida confidencialidad de un proyecto de esta envergadura. De su papel solo se sabe que se llama Angel, que «trabaja en el Alamo's club con sus propios demonios y se convierte en amiga de Rue». También, porque se filtró una fotografía del set de rodaje, que en algún momento discute con Zendaya. ABC ha podido hablar con la intérprete sobre los desafíos de trabajar en un fenómeno como 'Euphoria', el reto de rebatirle a estrellas mundiales y refugiarse en su compatriota Rosalía. «Las circunstancias de mi personaje a veces la acaban atropellando, pero creo que lo que más desea Angel es ser una balsa de oxígeno para Rue y, a lo mejor, lograr salvarla», desvela, pensando mucho y midiendo cada palabra. Para Delgado, de 24 años, 'Euphoria' es «una obra de arte», por su inagotable innovación en sus apartados artísticos pero también por su corazón. «'Euphoria no se limita a ser una serie de jóvenes, es un retrato filosófico y universal de lo que significa ser joven, de intentar encontrar tu lugar en el mundo, intentar encontrar el amor de alguna forma y llenar las carencias que uno puede tener», sostiene Priscilla Delgado en su visita a Madrid. Para ella, que empezó como «niña actriz», participar en una superproducción de este nivel es «un sueño absoluto», igual que tener de «madrina» a alguien como Zendaya. Si hay algo de cierto en la reciente mala prensa de Levinson, no es así para la actriz española, que ha vivido esta experiencia desde el optimismo. No es para menos. «Sam, antes que todo, es una persona increíblemente humana, y así trata a sus compañeros. Desde un punto increíblemente humanista, y desde la comprensión, y desde la empatía, y desde el amor que yo he recibido», cuenta. Después de muchas audiciones, de mandar 'selftapes' a todas partes, recibió la propuesta del papel en la más absoluta clandestinidad, porque el proyecto ni siquiera se llamaba 'Euphoria' sino que tenía un pseudónimo. Hizo la prueba desde un coche, tardó lo suyo en darle forma, pero sirvió. «Dije: 'Vamos a intentar darle una patada a la puerta para ver si la podemos abrir», reconoce. Lo siguiente fue un zoom con Sam Levinson y, una semana después, empezó a rodar 'Euphoria'. «Es muy difícil que como actriz te llegue la oportunidad de explorar tanto, que formes parte de un proyecto del que tú serías espectador y eso es lo que ha pasado aquí. Ha sido un éxtasis«, dice la joven intérprete, que confirma el «enigma» incluso en el rodaje, pero desvela más que la escueta sinopsis de la tercera entrega, que habla de un grupo de amigos de la infancia que lidian con la virtud de la fe, la posibilidad de redención y el problema del mal. Esperando que su personaje pueda ser «la balsa de oxígeno» del de Zendaya, Priscilla Delgado encontró la suya propia en la cantante catalana, con quien coincidió en el set y a quien idolatra. «No sabía que Rosalía iba a estar en 'Euphoria' y de repente leo el 'call sheet', el orden del día siguiente y sale: Rosalía Vila Tobella. No podía ser otra que Rosalía. Me eché a llorar, me eché a llorar. Y digo: 'Esto tiene que ser un regalo del Señor, que yo tenga la oportunidad de conocer a Rosalía en estas circunstancias'. Qué regalo poder hablar un rato en español con ella», admite.
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