Faro de Vigo
El sonido del cristal contra la mesa rompe por un instante la pesadez del ambiente. María Teresa Aranguren Amézola pide un trago de agua, casi como un peaje físico antes de verbalizar la asfixia ajena. La veterana corresponsal, que ha pisado el polvo y la pólvora de Oriente Próximo durante décadas, trajo a la Semana Galega de Filosofía una ponencia cruda, desprovista de anestesia: «El hambre como arma de guerra: el caso de Gaza».
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