La Jornada
Mircea Lucescu era un amante del futbol. Ochenta años cargados de pizarras, estadios y el ruido de la pelota rodando, pero la decepción de no alcanzar una nueva Copa del Mundo con Rumania determinó el último golpe que estuvo dispuesto a soportar. Según los informes médicos, la leyenda de la selección falleció ayer en el Hospital Universitario de Bucarest debido a un doble infarto.
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