La Jornada
Durante la reapertura del estadio Azteca, diversos aficionados que pagaron por un boleto para el partido México-Portugal denunciaron puntos ciegos en las zonas remodeladas detrás de las porterías, donde la nueva arquitectura parece haber privilegiado el diseño sobre la experiencia del espectador. A pesar de una millonaria inversión y el cumplimiento de los estándares FIFA, el temor de que sus gradas se vuelvan exclusivas para el turismo internacional y los sectores de mayor poder adquisitivo persiste también en el circuito local.
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