Cope Zaragoza
La misión Artemis II de la NASA ha capturado la atención del mundo, convirtiéndose en un hito histórico al llevar a cuatro astronautas a orbitar la Luna por primera vez en 50 años y alcanzar el punto más alejado de la Tierra jamás registrado en un viaje tripulado. Para analizar su alcance y lo que supone para el futuro, el astrofísico Emilio García Gómez, responsable de la Unidad de Cultura Científica del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), ha compartido su visión experta sobre un evento que sigue "con mucha expectación". Emilio García Gómez califica la misión como "histórica" y "muy emocionante", especialmente por el logro que supone volver a la Luna con presencia humana después de medio siglo. Aunque desde un punto de vista científico no vaya a "cambiar el paradigma sobre la Luna", ya que la cara oculta ha sido estudiada por sondas, el astrofísico subraya el valor del propio viaje. "Tecnológicamente, el ser humano demuestra que si se pone a trabajar puede hacer algo como esto, y eso no deja de ser emocionante", afirma. A diferencia de las misiones Apolo, centradas en la carrera espacial, el programa Artemis tiene una nueva filosofía. Según explica García Gómez, el objetivo ha cambiado radicalmente. "La idea respecto a Apolo no es llegar y ya está, sino llegar para intentar quedarnos en la medida que podamos", aclara el experto, subrayando la ambición de establecer una presencia sostenible en nuestro satélite. El plan de la NASA, aunque ambicioso y con fechas que "hay que coger con muchas pinzas", está claramente trazado. La próxima misión, Artemis III, probará el módulo de aterrizaje, un componente clave que se ha externalizado a empresas privadas como SpaceX de Elon Musk y Blue Origin de Jeff Bezos. Si todo sale según lo previsto, Artemis IV será la misión que vuelva a situar a seres humanos en la superficie lunar, con una tripulación que refleje la diversidad de género y raza. El siguiente gran paso sería construir una base permanente en la Luna, un proyecto "superambicioso" que, sin embargo, es fundamental para el futuro de la exploración espacial. La Luna se concibe como un campo de entrenamiento esencial antes de afrontar el desafío de Marte. Es un salto conceptual increíble, pero para ello "previamente has tenido que aprender; para aprender a andar hay que aprender a gatear", señala el astrofísico. Artemis II también ha permitido observar con una perspectiva privilegiada la cara oculta de la Luna, una región que sigue albergando un importante enigma geológico. Mientras el lado visible está dominado por suaves "mares" de lava enfriada, el lado oculto es un paisaje abrupto y "tremendamente craterizado". Según García Gómez, esta dicotomía, probablemente influenciada por la presencia de la Tierra, aún no se entiende bien, y la misión aportará datos valiosos gracias a sus cámaras de alta precisión y a la propia observación humana. Ante la pregunta de por qué se ha tardado tanto en volver, la respuesta del experto es rotunda: "la pasta". La misión Apolo fue una inversión sin precedentes en un corto período para ganar la carrera espacial a la Unión Soviética. "Esto es como cuando haces una dieta bestia para perder peso, lo pierdes rápidamente, pero luego te resulta muy difícil mantenerlo", compara García Gómez. Una vez ganado ese pulso, la financiación desapareció y, sin el objetivo de establecer una base, las misiones tripuladas perdieron sentido frente a las no tripuladas, capaces de lograr casi lo mismo a nivel científico.
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