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El Padre Ramón Gómez atiende un total 54 pueblos del Valle de Mena, comarca burgalesa que linda con el País Vasco. Su día a día es frenético, especialmente en temporada alta como son las celebraciones litúrgicas de Semana Santa. Por desgracia, en muchos pueblos de la España Rural no ha sido posible el culto en la semana más importante del año para los católicos por la ausencia del cura. De ahí que los laicos adquieran protagonismo para ayudarle en el desempeño de su tarea. Ramón Gómez reconoce que no es tarea sencilla y, aunque afirma que el número no es lo más importante, prioriza aquellos municipios “donde hay más afluencia”, destaca en 'Ecclesia al día'. Para poder asumir lo máximo posible, ha organizado un cuadrante en la que rota por los diferentes pueblos del Valle de Mena para celebrar la misa: “Los sábados y domingos tengo tres núcleos fijos para dar un margen de referencia a todas las parroquias, y cuatro laicos hacen celebraciones dominicales en aquellos lugares donde no puedo acudir a celebrar la misa”, ha explicado. En este sentido, Gómez distingue tres niveles de atención sacerdotal: El culto semanal de sábados y domingos; el culto quincenal-mensual dependiendo de la afluencia y buscando que los pueblos que no tienen misas todas las semanas tengan un pueblo cercano; y tercero la atención de bodas, bautizos, comuniones, funerales y fiestas del pueblo”, ha precisado. La escasez de sacerdotes es una cuestión que preocupa a la Iglesia, pero que también trae aspectos positivos, como la mayor implicación de los feligreses en el día a día parroquial: “Algunos se comprometen a abrir la iglesia en domingo para que no tengan que estar esperándome a que llegue justo, la gente se anima a leer en la misa, hacen las celebraciones los domingos... La escasez nos duele a todos pero ha supuesto un aliciente para que muchas personas pongan su granito de arena”, ha subrayado. Además, en la España Rural la comunidad que se establece entre el sacerdote y los feligreses es familiar: “Se preocupan por ti y te dicen por ejemplo ahora en Semana Santa que tienes cara de cansado, márchese a dormir. Te hace sentir no tanto como un títere que ejecuta una función en el altar, sino un miembro de la comunidad”, ha celebrado Ramón Gómez. Una vez celebrada la Semana Santa, los ojos están puestos en el verano, temporada alta para el cura, ya que muchos pueblos que en invierno apenas hay población reviven en los meses estivales: “En verano viene mucha gente del País Vasco, de Madrid, que vuelven al pueblo. A parte de las celebraciones ordinarias, hay que añadir en verano las fiestas de los pueblos, en 54 pueblos al menos hay una fiesta y algunos son muy jubilosos y tienen hasta dos y tres fiestas”, agrega Gómez.
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