COPE
El 20 de julio de 1969, la misión Apolo 11 llevó por primera vez a un ser humano a la Luna. Neil Armstrong descendió sobre la superficie lunar tras despegar desde Cabo Cañaveral, en Florida. A raíz de este acontecimiento, algunos canonistas recordaron una disposición recogida en el Código de Derecho Canónico de 1917: los territorios descubiertos podían quedar adscritos a la jurisdicción eclesiástica del lugar desde el que partía la expedición que los alcanzaba. Dado que Cabo Cañaveral se encontraba entonces dentro del territorio de la diócesis de Orlando, la aplicación de este principio llevaba a una conclusión singular: la Luna, en sentido jurídico-teórico, quedaría bajo esa diócesis. En 1969, el responsable de la diócesis de Orlando era William Donald Borders, nombrado poco antes como su primer obispo. A partir de esa interpretación del derecho canónico, se le empezó a considerar, de forma simbólica, el "obispo de la Luna". El propio Borders hizo referencia a esta circunstancia en tono distendido y llegó a comentarlo con el papa san Pablo VI. No obstante, la base jurídica existía, aunque su aplicación práctica era prácticamente nula. De hecho, la Santa Sede no desarrolló esta idea ni estableció ninguna estructura eclesiástica vinculada al satélite. Entre otras razones, porque la jurisdicción episcopal presupone la existencia de fieles, algo inexistente fuera de la Tierra. Con el paso del tiempo, la interpretación ha quedado como una curiosidad histórica que ilustra cómo el derecho canónico abordaba tradicionalmente los territorios de nueva exploración. En la actualidad, la diócesis de Orlando está encabezada por John G. Noonan, nombrado en 2010. Siguiendo la misma lógica, podría decirse que él sería hoy el "obispo de la Luna", aunque se trata de una afirmación meramente teórica. La Iglesia no reconoce oficialmente una jurisdicción sobre el satélite ni ha desarrollado normas específicas al respecto. Sin embargo, este episodio sigue citándose como un ejemplo llamativo de la interacción entre tradición jurídica y avances científicos. Más allá de su carácter anecdótico, la historia plantea una cuestión de fondo: cómo se adaptarían las estructuras institucionales —también las religiosas— ante un eventual escenario de presencia humana estable fuera de la Tierra. Por el momento, la Luna sigue siendo, también en este sentido, un territorio sin fieles.
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