ABC
En la calle Madrid , un sol de primavera se ciñe sobre una patrulla que vigila. Dentro, saber si es de día o de noche es como lanzar una moneda al aire. Cara o cruz. Dos hombres duermen mientras otros tres se reúnen en torno a una mesa baja y admiten, sin recato, haber caído en las drogas. Un par de linternas, acompañadas por limitadas velas, alumbran el interior de este local okupado de Alcorcón. Pero su luz es escasa porque las pilas ya se agotan. «No voy a estar como un pordiosero si vendo droga. Ni de coña», asegura Edwin que, aunque antes vivía aquí, hace poco se ha mudado a un piso. Abrir las puertas a este periódico... Ver Más
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