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Melania superestar: la primera dama se reinventa una vez más
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Melania superestar: la primera dama se reinventa una vez más

Por un momento, en el Lunes de Pascua, Donald Trump pareció presentar a su propia esposa como si acabara de llegar a la Casa Blanca. Se giró, con media sonrisa. Vio a Melania, de azul marinero y blanco Ralph Lauren, y soltó: «Creo que es nuestra primera dama… ¿Qué opinan de nuestra primera dama? Es una gran estrella de cine», bromeó ante los asistentes a la tradicional carrera del huevo. Después repitió el chascarrillo ante un grupo de niños: «Es una estrella de cine que ha venido aquí desde Hollywood». La escena tenía algo de teatro doméstico, fue broma ante cientos de personas, pero también servía para subrayar una realidad política de este segundo mandato: lejos de lo que el presidente decía en broma, Melania Trump está presente , mucho más presente, y más cómoda, al parecer encantada, en su papel institucional, que en la primera presidencia de su marido. Ya no se limita Melania Trump (55 años, nacida en Eslovenia) al repertorio ceremonial de la primera dama. Sigue ocupándose de actos tradicionales, como la carrera del huevo de Pascua, pero al mismo tiempo ha empezado a proyectarse en asuntos de mayor carga política e internacional. El 2 de abril, la Casa Blanca anunció que ella había intervenido por cuarta vez en una reunificación de menores separados por la guerra entre Rusia y Ucrania y que, en esta ocasión, seis menores ucranianos que estaban en Rusia regresarían con sus familias. En ese comunicado, Melania Trump presentó esa labor como una de sus prioridades internacionales. Días antes, además, el Departamento de Estado anunció una partida de 25 millones de dólares para ayudar a Ucrania a identificar, recuperar y rehabilitar a menores trasladados por Rusia. Ese perfil más activo ya se había visto en marzo, cuando intervino ante el Consejo de Seguridad de la ONU con un discurso centrado en la educación como herramienta de paz, la primera vez que una primera dama lo hacía. Pero el paso más ambicioso llegó con su propia cumbre internacional, 'Protegiendo el Futuro', celebrada entre el Departamento de Estado y la Casa Blanca, con delegaciones de 45 países y representantes de 28 grandes tecnológicas. La iniciativa se armó en torno a la educación, la inteligencia artificial, la alfabetización digital y la seguridad en internet, y la Casa Blanca la presentó como la mayor reunión internacional organizada por una primera dama en la Casa Blanca. Melania Trump se codeó con Brigitte Macron y otras homólogas para reforzar esa imagen de anfitriona global y de figura con agenda propia, en un intento claro de situarse no solo en el plano ceremonial, sino también en el de la diplomacia, en sus temas preferidos, la infancia y la tecnología. Lo que dejó esa cumbre fue, sobre todo, una imagen para la posteridad de la Casa Blanca, una de esas instantáneas que pasan a la historia. Melania, de traje pantalón blanco, caminando por la Casa Blanca junto a un robot humanoide, en una escena diseñada para condensar el mensaje que quería transmitir, el de una primera dama menos compañera discreta y más volcada en construir una agenda propia sobre infancia, tecnología y proyección internacional, hasta escoltada por robots. Una primera dama con iniciativa, presencia y un campo de actuación propio dentro de la Administración. Eso lo ha condensado su nuevo retrato oficial, en que aparece como en un póster de thriller político, de traje chaqueta negro, toda Armani sobre una mesa de vidrio, proyectando poder, una suerte de presidenta de película, más que una nueva Jackie Kennedy, víctima de sus propias circunstancias. Lo de «estrella de Hollywood» parece una alusión directa del presidente al documental 'Melania', que había vuelto a poner a la primera dama en un escaparate más propio del entretenimiento que de los pasillos del poder. La película, dirigida por Brett Ratner, que sigue los días previos a la segunda investidura de Trump, se estrenó primero en cines, donde fue el documental más taquillero en décadas, y después pasó al canal online de Prime Video. Aunque no fue un gran éxito de taquilla en relación con lo que costó o grandes títulos de ficción, sí reforzó esa imagen de Melania como figura muy observada, con un tratamiento de estrella, de famosa. Cuando Trump la presentaba así ante los niños en la Casa Blanca, estaba mezclando la broma con esa idea de su esposa como personaje conocido, elegante, muy mediático, casi más cercano al mundo del espectáculo que al de la política tradicional. De hecho volvió a bromear después: «Viene de Hollywood, pero prefiere pasar el día aquí con granjeros en la Casa Blanca». Lo pasó, recibió, eso tras haber acompañado a su marido al estreno del musical 'Chicago' en el recientemente rebautizado Trump-Kennedy Center. Hay algunas labores protocolarias a las que Melania Trump se sigue adaptando. Otras las ha soltado. Por ejemplo, el protocolo, que está en manos de la embajadora Monica Crowley, o la rememoración de la mansión presidencial, de la que se ha encargado únicamente su marido, como demuestra el derroche de dorados que hoy los cubre todo. Melania es más sobria.

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