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Las amenazas de Trump a Irán y sus giros de última hora: cronología de una escalada errática
El Plural

Las amenazas de Trump a Irán y sus giros de última hora: cronología de una escalada errática

Donald Trump ha convertido la guerra con Irán en una secuencia de amenazas máximas, anuncios de victoria precipitados y frenazos de última hora. Desde que comenzó el conflicto el 28 de febrero, con los ataques de Estados Unidos e Israel sobre Irán, la Casa Blanca ha alternado mensajes de cierre inminente con promesas de castigo todavía mayor. El último giro llegó en la madrugada de este miércoles, cuando Trump suspendió durante dos semanas el bombardeo contra Irán apenas una hora antes de que expirase el ultimátum que él mismo había fijado. No ha sido un episodio aislado. Es la forma en que Trump ha conducido toda esta crisis: subir el tono, colocarse al borde del ataque total y, en el último momento, abrir una vía para negociar mientras presenta el volantazo como una muestra de fuerza. El resultado es una estrategia cada vez más difícil de leer incluso para sus propios aliados. La tregua de catorce días anunciada ahora no borra ese patrón. Más bien lo confirma. Durante las últimas semanas, Trump había insistido en que la guerra estaba cerca de terminar y en que los objetivos militares de Washington estaban prácticamente cumplidos. A comienzos de abril llegó a decir que Estados Unidos estaría "acabado" en Irán en dos o tres semanas y que quería "eliminar todo" lo que el régimen todavía conservase como capacidad militar. Es decir, combinó la idea de final cercano con la amenaza de una ofensiva todavía más devastadora. Del "fin inminente" a la amenaza total La culminación de ese tono llegó esta misma semana, cuando Trump lanzó un ultimátum sobre la reapertura del estrecho de Ormuz y advirtió de que "una civilización entera" podía desaparecer esa misma noche si Irán no cedía. La frase desató una nueva ola de rechazo fuera de Washington y elevó todavía más la sensación de que la Casa Blanca estaba jugando al borde de una escalada difícil de controlar. El problema ya no era solo la dureza del lenguaje. Era la falta de una línea reconocible entre lo que Trump amenazaba con hacer y lo que realmente estaba dispuesto a sostener. Porque el fondo también ha ido cambiando. Trump ha oscilado entre presentar la guerra como una operación limitada para neutralizar capacidades iraníes y describirla como una campaña capaz de redibujar todo Oriente Próximo. Ha sugerido que el conflicto estaba casi resuelto y, a renglón seguido, ha amenazado con atacar infraestructuras esenciales, incluidas redes energéticas y puntos sensibles del aparato estatal iraní. Si el objetivo era forzar una negociación rápida, el mensaje ha sido errático. Si el objetivo era sostener una escalada militar coherente, tampoco lo ha parecido. Lo que deja esa secuencia es la impresión de una Casa Blanca que reacciona por impulsos, tensa al máximo y retrocede cuando el precio de seguir adelante empieza a crecer en demasiados frentes a la vez. Eso es exactamente lo que ocurrió en las horas previas al último ultimátum. Trump mantuvo durante días que el ataque estaba listo. Washington vinculó la amenaza...

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