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El vestidor de Isabel II, el más grande de la historia, sale a la luz: 4.000 piezas y secretos nunca vistos | Collector
El vestidor de Isabel II, el más grande de la historia, sale a la luz: 4.000 piezas y secretos nunca vistos
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El vestidor de Isabel II, el más grande de la historia, sale a la luz: 4.000 piezas y secretos nunca vistos

La reina Isabel II de Inglaterra hubiera cumplido 100 años este 21 de abril de 1926. Y ahora, como parte de los muchos eventos que están ocurriendo en su honor, Buckingham Palace ha decidido abrir parte de su gigantesco armario, compuesto por más de 4.000 piezas, para exponer a ojos de todos más de 200 de esos vestidos que un día formaron parte del guardarropa real más escrutado, analizado y estudiado del mundo royal. Una exposición digna de admirar. Es fácil recordar a Isabel II con sus abrigos en tono pastel con su sombrero a juego. O incluso con su pañuelo a la cabeza, tan inglés es. Pero detrás de esta imagen tópica estaba la de una monarca muy cuidadosa con el vestuario y atenta a los muchos regalos que recibía por parte de modistas de todo el mundo. Cuidaba como pocas su presentación en actos institucionales -públicos y privados- hasta conformar un armario impresionante en número y formas. Una mujer de gusto exquisito, una genuina curiosidad estilística y una habilidad para usar la ropa como herramienta diplomática como ha habido pocas en la historia de la realeza. 'La reina Isabel II: Su vida con estilo' es la mayor exposición jamás dedicada al vestuario de la soberana británica, disponible para ser admirada desde el 10 de abril en la King's Gallery del Palacio de Buckingham en Londres. Y sus promotores advierten ya que cambiará la forma en que se recuerda a la Reina Madre. Sí, mucho más que la señora del abrigo celeste o rojo, según el día. Los documentalistas se frotan los ojos al comprobar el acceso por primera vez al guardarropa de Isabel II, el más grande que jamás haya pertenecido a una soberana británica. La exposición muestra una mínima parte -200 de las más de 4.000 que tenía-, con la particularidad de que la mitad de las cuales nunca han sido vistas por el público. Por aquí se pueden observar vestidos de noche que solo se puso una vez, abrigos de uso más cotidiano y hasta uniformes militares. También, por supuesto, los complementos: joyas, zapatos Rayne, bolsos Launer, guantes Cornelia James, pañuelos de Hermès, las increíbles tiaras Garrard y, por descontado, una colección de sombreros sin precedentes. Pero lo que tiene verdaderamente entusiasmados a los archivistas y estudiosos reales es que junto a las prendas y complementos, que ya son un tesoro en sí, también se exponen documentos relativos a su vestuario que incluyen bocetos originales con notas escritas de su puño y letra por la propia Reina Madre, muestras de telas y hasta correspondencia con modistas y diseñadores. Porque, efectivamente, Isabel II siempre añadía su toque personal -y exigencias- a todo lo que lucía. Incluida una visión estilística sorprendentemente contemporánea y alejada de todo lo que habitualmente se asocia a ella en cuestión de estilismo. Cuidaba enormemente su imagen y todo lo que esta transmitía. Junto a la exposición, también se editará el libro 'Queen Elizabeth II: Fashion and Style', publicado por Royal Collection Trust, donde se explora el archivo de moda de la Reina Madre, desde su ropa de la infancia hasta las prendas que lució antes de morir. Son 70 años de evolución estilística e incluye un prólogo de Anna Wintour, la veterana editora del Vogue americano, además de entrevistas con los diseñadores Christopher Kane, Erdem Moralıoğlu y Richard Quinn. Y si alguien se pregunta que quién era el favorito de Isabel II, un nombre viene inmediatamente a la mente: Norman Hartnell. Es el que más se repite en la exposición, el modisto que definió la imagen pública de la madre de Carlos de Inglaterra durante más de tres décadas. En la exposición se exhiben dos obras señeras: su vestido de novia de 1947, en satén duquesa color marfil bordado con estrellas y espigas de trigo, y el vestido de coronación de 1953, con aquella seda blanca bordada con los símbolos florales de todas las naciones de la Commonwealth. En definitiva, la exposición aporta un documento definitivo para acercarse a una figura legendaria que va más allá del mundo royal para terminar de completar el retrato personal de una mujer que va más allá de las convenciones acumuladas a lo largo de tanto años. Porque en cuestión de estilismo, y de personalidad, la reina Isabel II era mucho más que la señora del abrigo celeste con sombrero a juego.

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