Vanguardia
En la actualidad, muchos padres se preocupan porque sus hijos están aburridos. Llenan sus agendas de actividades, pantallas, estímulos y entretenimiento interminable con la idea de que así les estamos ayudando a ser felices. Sin embargo, la ciencia y la experiencia empiezan a mostrarnos una verdad incómoda: la sobrecarga de estimulación no está formando niños más plenos, sino más ansiosos, dependientes y desconectados de sí mismos. Por ello, una vida “aburrida” puede ser, en realidad, sumamente satisfactoria. No digo una vida vacía, sino una vida con ritmo, estructura y sentido.
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