La Opinión de Málaga
En aquel momento, con apenas once años, Jorge Báez no lo sabía, pero estaba protagonizando un hito en la sanidad malagueña: era el primer niño en recibir un trasplante de médula ósea en la ciudad. “Como niño yo no entendía la magnitud de esto”, rememora hoy a sus 41 años. Aquella intervención, realizada en enero de 1997 en el entonces Hospital Carlos Haya —actual Hospital Regional Universitario—, no solo salvó su vida, sino que marcó un antes y después en Málaga, abriendo camino a muchos niños más.
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