Diario de Noticias
Escrito a cuatro manos, Altas capacidades, como un reloj de pared, pendulea entre la crónica social a lo Víctor García León y el humor paródico de Borja Cobeaga. Entre ambos acunan un ir y venir al servicio de una comedia que enlaza con el universo de Rafael Azcona. Son palabras mayores porque eso representa, ahora que se cumple el centenario del autor de El pisito, acometer con un referente de lujo. Un buen modelo de origen que explicaría la buena acogida que ha recibido Altas capacidades en un panorama condenado a un ser o no ser entre Santiago y Pedro; entre Torrente presidente y Amarga Navidad. Si el cine español se redujera a elegir entre lo que representan Almodóvar y Segura, sería mejor cerrar la persiana. Por fortuna, las cosas han cambiado y estamos ante un tiempo interesante en el que Altas capacidades nos recuerda nuestra procedencia.
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