ABC
Cuando uno está acostumbrado a comprar voluntades (con mayor o menor éxito) se mete en una espiral en la que ya no puede parar de hacerlo, ni siquiera cuando se enfrenta a uno de los momentos más delicados de su vida, como es una amenaza de cárcel. Sin nocturnidad ni alevosía, así , a plena luz del día, el comisionista Víctor de Aldama se presentó ayer en el Tribunal Supremo, donde comparte banquillo con Ábalos y Koldo, con dos cajas de cruasanes y palmeritas para los cámaras y periodistas que aguardaban su llegada y la de los testigos que comparecían en la tercera sesión del juicio. El regalo envenenado de los pastelitos (para algunos, un detalle; para otros, un intento... Ver Más
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