ABC
Carolina Marín (Huelva, 15 de junio de 1993) sigue siendo pasión, fortaleza y determinación. Se acaba de bajar de lo que ella llama «la vida en la cancha» para instalarse con todas las de la ley en «la vida real», pero mantiene intacto el espíritu competitivo y peleón. Desde la serenidad que le da el haber tomado «la mejor decisión» lucha con el mismo ímpetu que lo hacía sobre el parqué por las cosas que considera importantes: el bádminton, la familia y, por supuesto, ella misma. La campeona olímpica (Juegos de Río 2016) atiende a ABC en un coqueto hotel de Huelva. Su Huelva ha amanecido bajo un diluvio, pero el viento se ha llevado los nimbos más negros y el sol se abre paso entre nubes blancas y cielo azul, así que la triple campeona del mundo (2014, 2015, 2018) y ocho veces de Europa (2014-2024) toma asiento en la terraza desplegando gracia y lisura bajo su perenne sonrisa. -«Yo calculo que a los 31, 32 años diré adiós a la competición. Quizá después de los Juegos de París, si gano. Pero si no lo consigo, ¿seré capaz de irme con ese mal sabor de boca?». Usted dejó por escrito el presagio y la pregunta en el libro autobiográfico publicado en 2020. -Bueno, más o menos una ya intuye por dónde va a ir la vida y hasta dónde he querido llegar, pero es cierto que nunca se sabe con exactitud. Te puedes hacer una idea y, efectivamente, con 32 años he colgado la raqueta. -Y en el mismo párrafo usted añade: «En cualquier caso, ese bajón que trae consigo la retirada será un shock». ¿Lo ha sido? -No ha sido shock como tal porque ha sido una decisión muy meditada, muy pensada y la mejor de toda mi vida, sin ninguna duda. Eso no quita que, obviamente, después de 24 años con una raqueta y un volante en la mano te dé pena y te dé nostalgia, pero estoy muy tranquila con la decisión. -Y también ha sido, no se cansa de repetirlo, la decisión más difícil. -Claro, sin ninguna duda. -No son pocos los toreros que se cortan la coleta y al cabo de un tiempo, por diferentes razones, vuelven al ruedo. ¿Usted lo descarta completamente? -Por supuesto. Cuando tomo una decisión es con una consecuencia y sé que la consecuencia a partir de ahora es vivir la vida. -Una cita más de tan premonitoria redacción: «El tiempo pasa tan rápido que debería empezar a pensar en lo que voy a hacer cuando me retire. Es difícil porque llevo toda mi vida en esto desde niña». ¿Ya lo ha pensado? -No, no lo he pensado. Al fin y al cabo, cuando te llega el momento no sabes qué te va a deparar el futuro. Tengo todas las puertas y muchísimos frentes abiertos. Ahora mismo lo que tengo claro es que quiero vivir y disfrutar del presente, vivir y disfrutar de mi familia, pasar más tiempo en Huelva, ya que llevo muchos años fuera de de aquí, de mi ciudad y separada de mi familia cuando, además, yo soy una persona muy familiar y muy cercana a todos ellos. También quiero disfrutar y pasar tiempo con mis amigos y también me encantaría viajar a destinos que tengo ahí apuntados en el mapa y poder conocer esos países. -Una última frase de 'Puedo porque pienso que puedo', el tan reseñado libro: «Me hace ilusión pensar que en los patios de los colegios se puede poner una red y jugar al bádminton». Cuando usted apareció en escena había 7.000 licencias federativas de bádminton en España y ahora hay 10.000. No parece un incremento acorde a sus éxitos y a su enorme popularidad. -Así es. El número de licencias debería haber subido mucho más. Yo creo que he hecho todo lo que estaba en mis manos, pero es la Federación Española de Bádminton la que debería haberse centrado y focalizado en hacer una buena promoción de este deporte y una buena formación de entrenadores para motivar y enseñar la competición a esos niños y niñas. Ojalá que haya un cambio, aunque lo veo complicado. -Hablando de niños, uno de los actos más especiales de estos días ha sido el encuentro con niños del colegio Salesianos de Huelva en el polideportivo Diego Lobato de la capital onubense donde usted empezó a jugar al bádminton a los 8 años -Sí, fue un día en el cual sentí mucha nostalgia. Entrar en ese polideportivo después de tantos años y ver a esos niños con la edad con la que yo cogí por primera vez una raqueta de bádminton me removió muchas emociones, fue muy bonito. -Una niña de 14 años, usted, dejó su casa y se fue a Madrid. ¿Cómo rememora hoy aquello? -Recuerdo a una niña que comenzaba una andadura cargada con una mochila llena de muchas ilusiones. Para mis padres fue complicado. Separarme de mi hogar, de mi casa, de mi familia, fue un momento muy duro. -¿Recuerda el primer viaje al extranjero? -Uf, el primer viaje al extranjero no sé dónde fue. He viajado tanto durante tantos años que no sé cuál fue el primero. -Lo que no olvida es su extenso periplo por los países asiáticos: India, China, Vietnam, Corea del Sur... Y sobre todo Indonesia, cuya capital, Yakarta, le ha dado incluso título a una serie de televisión (emitida en Movistar) que gira alrededor del bádminton. -No sabía que se podía viajar tanto y sobre todo y principalmente a Asia, pero ha sido tan bonito vivir toda esa experiencia, que la gente me haya tratado como si fuera de su propio país, que me hayan animado con tanta pasión cuando jugaba allí … Ha sido increíble. -Es que usted ha sido mucho más que la embajadora del bádminton español en Asia. Ha representado a Europa e incluso al resto de continentes frente al dominio absoluto de las asiáticas. -En realidad, el bádminton es un deporte muy minoritario en nuestro país. En Europa hay países con más repunte: Dinamarca, Inglaterra, que de hecho es de donde nació este deporte, y también Alemania. Pero es verdad que donde es mucho más conocido y seguido es en cada uno de los países de Asia. Para explicarlo claro, tiene la importancia del fútbol en España. Es exactamente así. -Ha afirmado que el 98% de su éxito se debe al trabajo y el resto, o sea un 2%, al talento. ¿No se subestima? -A ver, talento no es el 2%, habrá habido un 10 o un 20 por ciento de talento, pero lo que sí te puedo asegurar es que el 80% restante ha sido trabajo. -Y tanto trabajo, ¿quizás ha sido excesivo para su cuerpo? -No creo que haya sido por el trabajo. Han sido muchísimas horas, mucha exigencia, un esfuerzo muy grande y hay veces que tu cuerpo te dice 'hasta aquí'. Y a mí me lo ha dicho en más de una ocasión. -¿Y como está ese cuerpo, sobre todo las rodillas, ahora? -Ahora estoy muy bien. Hace dos meses tomé también una muy buena decisión porque no estaba teniendo salud, no estaba teniendo vida, no podía caminar, me levantaba y me acostaba coja y eso no era tener vida ni salud. Entonces, cuando hablé con el cirujano de volverme a operar, no dudé. Y ahora, por suerte, me siento mucho mejor, puedo caminar, no tengo dolor. O sea, ahora mismo puedo tener vida y salud, que para mí es lo más importante. -Con esas rodillas ha tenido una relación de amor-odio. La han llevado a lo más alto y le han hecho llorar. -Totalmente. A día de hoy les tengo que tener mucho amor y agradecimiento porque me han respondido a cada una de las exigencias que les he ido poniendo todos estos años. Incluso a día de hoy, habiendo colgado la raqueta, me siguen dando salud, que es lo más importante. -En ese trabajo duro hay una figura fundamental: Fernando Rivas, su entrenador durante 19 años, algo nada habitual en los deportes individuales, donde se suele cambiar de técnico con frecuencia. -¿Qué voy a decir? Conmigo Fernando ha pasado por todas las facetas que una persona puede ejercer en tu vida, desde entrenador, segundo padre, psicólogo, amigo, compañero, jefe de equipo… -«Equipo», otro concepto recurrente e imprescindible en su discurso y en su trayectoria. -Sí, por supuesto. El bádminton es un deporte individual porque yo compito sola en la pista, pero al final tengo detrás a dos entrenadores, fisio, psicóloga, preparador físico… O sea, es un deporte de equipo porque tengo y necesito a mucha gente a mi alrededor. -Y tras su retirada, ¿qué será de ellos? -Además de estar conmigo, cada uno de ellos también tenía y tiene sus propios proyectos. De todas formas, no solamente formamos el equipo, sino que hemos creado una familia. Y, por supuesto, no nos vamos a desvincular porque la familia nunca se separa. -La familia original, especialmente su madre y su padre (fallecido en julio de 2020), es otro de los pilares de su trayectoria personal y profesional. -Por supuesto, yo estoy muy agradecida a mis padres porque ellos me han apoyado en todas las decisiones que yo he tomado a lo largo de mi vida, nunca se han metido, nunca me han negado nada. Y también a mi equipo, porque hemos compartido muchos momentos, muchas cosas y tras compartir con ellos esta decisión y esta situación tan delicada, también me ha mostrado todo su apoyo. -Tras el primer éxito, el Europeo sub-19 (año 2009), usted y su equipo han sumado incontables títulos. ¿Recuerda alguno en especial? -Tengo especial cariño a todos los títulos porque porque al final me han llevado a ser lo que soy hoy y porque hemos tenido que superar muchas cosas para conseguirlos. -Y a la par que los títulos, los reconocimientos y los premios. Ahí sí que no me negará que hay uno muy especial: el Princesa de Asturias de los Deportes 2024 -Sí, fue un momento precioso. Tengo que decir que el Princesa de Asturias no me lo dan por lo que me pasó en París, por haberme lesionado. El Princesa de Asturias, pasase lo que pasase en París, ya lo tenía concedido. De hecho me llamaron en mayo para decirme que me lo entregaban en octubre. Aquello fue el mayor y más bonito reconocimiento que me han dado porque pude vivirlo con mi familia y con todo mi equipo allí en Oviedo. Fue increíble recoger ese diploma y dedicárselo a mi padre, que sabía que me estaba acompañando desde allá donde esté. Fue un momento que se me quedó guardado en el corazón. -Esos trofeos y premios podrán ser contemplados próximamente en el Museo Carolina Marín que se proyecta en su ciudad, Huelva. -Sí, ya les comente el año pasado a la alcaldesa y a varios concejales que me gustaría crear un museo o algo simbólico donde la gente pueda ver los trofeos, reconocimientos y medallas importantes que he conseguido a lo largo de mi carrera deportiva. -Volviendo a los orígenes, usted suele incidir en las dificultades económicas que sufrió y sufren los deportistas que empiezan. ¿Qué se puede hacer al respecto? -¿Qué se puede hacer? Hombre, para empezar yo les diría a las empresas que apuesten. Esto es como todo, quien no arriesga no gana. Entonces, de hecho, quién iba a decir hace 10 años que ciertas empresas iban a apostar por el deporte femenino. Y fíjate tú que sí han ganado, que seguramente han revalorizado todo el valor del deporte femenino mucho más. Y gracias a eso, hoy en día, 10 años después, otras empresas quieren apostar por el deporte femenino, no porque lo diga yo como mujer, sino que ahí están los datos. En los últimos Juegos Olímpicos, y sobre todo en los que yo estuve más presente, que fueron en Río 2016, las mujeres ganamos más medallas que los hombres. No es por comparar ni por sentir esa desigualdad, a los datos y a los hechos me remito. Entonces, yo les diría a las empresas que por favor apuesten, que es una apuesta segura, que apostar por deporte y por deporte femenino es victoria segura. -En esa línea, también suele abordar públicamente asuntos relativos al deporte, y concretamente al deporte femenino, de los que rara vez se habla. Por ejemplo, la menstruación. -Han sido y siguen siendo temas tabú, pero cuando a mí me han preguntado por ello, lo he hablado abiertamente. Me considero una persona muy sincera y muy directa, así que respondo tal y como yo lo siento. No se puede comparar a una mujer con un hombre porque la metodología es muy diferente. Y, efectivamente, nosotras tenemos una menstruación que es un condicionante tanto cuando entrenamos como cuando competimos. Y, lamentablemente, es un tema del cual no se habla. -Otra materia que suele tratar con naturalidad es la de la salud mental. -También era un tema tabú hasta hace unos años. No se podía hablar de la salud mental porque había que estar loco para ir al psicólogo. Y yo siempre he dicho que no hay que estar loco, una persona puede estar bien, pero para estar mejor o conocerse más a uno mismo necesitas esa ayuda externa en forma de psicólogo o psicóloga. Y yo, afortunadamente, la he tenido desde los 15 años. -El Comité Olímpico Internacional (COI) ha establecido que a las personas transgénero no podrán competir en las pruebas femeninas de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. ¿Qué opina sobre esta decisión? -La verdad es que tengo mucho desconocimiento sobre eso, así que prefiero no entrar en ese tema ni darle voz a algo del cual no tengo mucha información. -Más cuestiones de juventud: compaginar deporte de élite con estudios, la importancia de contar con profesores que entiendan y se adapten a las necesidades de los deportistas de élite. -Por supuesto. Yo sé que hoy en día ser profesor o profesora no es nada fácil porque hay mucho bullying hacia el profesorado. Las redes sociales pueden darte muchas cosas positivas, pero también está esa parte negativa en la cual se puede hacer mucho más daño que que beneficio. Yo entiendo que para el profesorado no sea tan fácil esa situación, pero al fin y al cabo ellos también nos marcan nuestras vidas y y si no hacen su trabajo o su labor como corresponde, pues al final un niño se puede sentir frustrado. A mí me pasó con una profesora. Yo me fui de Huelva amando las matemáticas, llegué a Madrid y como ella no entendía mi situación, me lo ponía mucho más complicado de lo que ya era. Y, fíjate tú, por culpa de esa persona llegué a odiar las matemáticas. -Una vez retirada de la competición, ¿sigue soñando a lo grande? -Yo nunca he dejado de soñar y siempre intento soñar a lo grande. -¿Y con qué sueña ahora? -Principalmente, en poder vivir y exprimir cada una de las experiencias que la vida me presente por delante, vivir mucho el presente. Me encantaría en un futuro ser madre y formar mi familia, creo que eso también es una labor muy bonita.
Go to News Site