La Opinión de Murcia
Existe una tristeza sagrada en los pueblos y cortijos abandonados. La mayoría de ellos son el testimonio de una paciencia antigua, extinguida, de un tiempo que ya no sabe ni decir su nombre. Esos lugares albergan la liturgia del polvo detenido de los siglos. Son ruinas a la espera de no se sabe qué. Estaciones de paso hacia el olvido. Son como un almanaque detenido en un eterno Miércoles de Ceniza. Son como esas chaquetas viejísimas que aún conservan la forma de la espalda y los hombros de quienes se las pusieron.
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