La Jornada
Desde el inicio del actual gobierno, la Secretaría de Ciencia –muy cercana al núcleo de decisiones presidenciales– anunció proyectos que, en el papel, prometen transformar sectores estratégicos: semiconductores, autos eléctricos, satélites, supercomputadoras, drones. La ambición no es el problema. El problema es que esos anuncios no corresponden con la base industrial, tecnológica e institucional del país. México no cuenta hoy con la capacidad productiva ni con las cadenas de valor necesarias para materializarlos. No se trata de una estrategia de desarrollo con etapas definidas, sino de promesas que enfrentan restricciones conocidas desde el inicio. Esto no es un error de cálculo. Es una decisión de anunciar lo que no se puede ejecutar.
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