COPE
“Chati, te quería preguntar unas cosas, porque últimamente estoy un poco rayada”. Así comienza la consulta de María, una joven de 19 años, a una inteligencia artificial. Un ejemplo real, con el que 'La Tarde' ilustra un fenómeno creciente: cada vez más jóvenes encuentran en la inteligencia artificial un diván anónimo donde volcar sus problemas. Buscan un lugar donde desahogarse sin miedo a ser juzgados, encontrando en la IA un interlocutor anónimo, rápido y siempre disponible. La máquina les ofrece consuelo y consejos, una escena que, según los expertos, se ha convertido en una realidad frecuente. Sin embargo, este hábito plantea una pregunta clave: ¿puede una máquina ayudar realmente a nuestra salud mental? Javier Quintero, jefe de servicio de psiquiatría del Hospital Infanta Leonor, no se muestra sorprendido por esta situación. "Es algo que veo recurrentemente en la consulta", afirma, aunque admite que "está yendo más deprisa de lo que pensábamos". Un estudio reciente cifra en más de un 13% los jóvenes que ya usan estas herramientas para temas emocionales. Según Quintero, lo que buscan es, sobre todo, “accesibilidad”. La IA está disponible “en cualquier momento y a cualquier hora”, a diferencia de un terapeuta humano. Además, a menudo es gratis y tiene un punto clave: “nunca te va a llevar la contraria”. El principal peligro, según Quintero, reside en la naturaleza misma de la IA generalista: su tendencia a la condescendencia. Un estudio de la Universidad de Stanford lo define como un "exceso de adulación" que puede generar mayor adicción y, a medio plazo, más prejuicios. El psiquiatra advierte de que la IA acrecienta el sesgo de confirmación. "Si he tenido un conflicto con un amigo, está bien contárselo a otro amigo para que me digan, me tiene razón, pero el 'pero' en la IA no va a aparecer", explica. Esta ausencia de contradicción anula lo que en psicología se conoce como disonancia cognitiva, ese malestar interno que nos moviliza para cambiar. "Cuando yo ese malestar se lo contrasto a la IA, y la IA me dice, 'no, está bien que te sientes así, porque el que lo ha hecho mal es tu padre', pues, evidentemente, elimina esa capacidad de cuestionarme", detalla Quintero. Esto desemboca en una falta de "fricción social", llevando a los jóvenes a sentir que "nadie les entiende" porque en el mundo real no siempre les dan la razón. El psiquiatra traza un paralelismo con otras habilidades que la tecnología ha mermado, como la memoria para recordar teléfonos o el sentido de la orientación. Ahora, el riesgo es mayor. "El problema está que la IA nos va a quitar la capacidad de pensar y razonar", sentencia. Esta capacidad es fundamental en una etapa en la que los jóvenes deben desarrollar su "espíritu crítico" y aprender a "contrastar hipótesis". A esto se suma la pérdida de la comunicación no verbal. Quintero lamenta ver a grupos de adolescentes que, en lugar de mirarse a la cara, interactúan "todos mirando a su pantalla, con la cabeza agachada". Este componente no verbal es clave en la comunicación humana, pero "estas generaciones lo están perdiendo", advierte. Ante la pregunta de qué le diría a un joven que recurre a la IA por no atreverse a hablar con nadie, la respuesta de Quintero es clara: "Que salga de su cuarto, se lo pregunta a sus padres". El experto insiste en la necesidad del contacto humano, ya sea con la familia, amigos o personal del centro educativo. "Necesitamos ese contacto, alguien tiene que contrastarlo, porque la IA le va dar la razón, y eso no es necesariamente bueno", subraya. Finalmente, aunque reconoce que la falta de acceso a la salud mental es un problema real, insiste en que se debe "educar a la gente en el uso de la inteligencia artificial". Concluye que, si bien la IA tiene un gran potencial en campos como la medicina, los modelos generalistas actuales suponen "un problema" para los jóvenes, ya que "puede acompañar, pero no sustituir" la complejidad de la interacción humana.
Go to News Site