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Cada vez son más las personas mayores de 55 años que deciden volver a la universidad, no por obligación, sino por el puro placer de aprender. Un claro ejemplo de esta tendencia es el programa de la Universidad de Barcelona, que ha consolidado en los últimos años una oferta académica dirigida específicamente a esta franja de edad. La iniciativa, bautizada como Universidat de l'Experiència y creada en 2010, demuestra un éxito abrumador: ha pasado de 169 estudiantes en su primera edición a superar los 2.100 en el curso 2024-2025. Uno de estos estudiantes es Joan Serra, quien a sus más de 70 años es un ejemplo de vitalidad y curiosidad inagotable. Tras jubilarse de su carrera como farmacéutico, decidió que el aprendizaje no había terminado para él. Para Serra, estudiar siempre ha sido una constante. Considera que "para estar al día y ser un buen profesional, es necesario estar permanentemente actualizándose". Ahora, liberado de la presión laboral, su motivación es el gozo intelectual. "Disfruto mucho aprendiendo", afirma. Esta pasión le llevó a estudiar Historia del Arte, y desde allí, su sed de conocimiento le ha guiado hacia la Historia y la mitología grecorromana. Serra lo tiene claro: "La sensación de aprender algo que no conocías me aporta una satisfacción inmensa". Para Serra, estudiar la historia le ha enseñado a vivir la realidad, no como un docente, sino como un simple observador que comprende mejor el presente. Los estudios de la Universitat de l'Experiència están diseñados como una adaptación del formato universitario tradicional, pero sin la presión académica de los exámenes. El objetivo principal es el disfrute intelectual y el enriquecimiento personal. Los programas, de entre uno y tres años, abarcan disciplinas tan variadas como Historia, Astronomía, Humanidades o Ciencias de la Salud, y próximamente se incorporará Bellas Artes. El perfil del alumnado ha cambiado con el tiempo: si al principio predominaban personas sin estudios superiores, hoy es común encontrar a profesionales jubilados que enriquecen las clases con su experiencia vital. Más allá del enriquecimiento cultural, volver a la universidad a partir de los 50 años reporta importantes beneficios para la salud física y mental. Diferentes estudios confirman que mantener rutinas, como la obligación social de asistir a clase, funciona como una terapia que combate el aislamiento y fomenta el contacto social. Además, el reto intelectual que supone estudiar mantiene el cerebro activo y estimula el cuidado personal. Joan Serra anima a quienes se lo estén pensando. "Aconsejo que se metan en el mundo de la universidad. Podrán gozar de un profesorado con una motivación grande y, hoy en día, ya es una marea. Cada vez hay más gente que estudia en la universidad y la sensación general es que se disfruta mucho de esta actividad", dice. .Al finalizar, los participantes reciben un certificado universitario en una ceremonia solemne, un broche de oro a una etapa que combina formación, socialización y desarrollo personal en la madurez.
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