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Las denuncias por abusos sexuales y de poder apartan de su cargo al secretario general de los obispos peruanos | Collector
Las denuncias por abusos sexuales y de poder apartan de su cargo al secretario general de los obispos peruanos
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Las denuncias por abusos sexuales y de poder apartan de su cargo al secretario general de los obispos peruanos

Las acusaciones de abuso sexual por parte de un seminarista y de hostigamiento económico a los profesores de los colegios en la diócesis de Huacho (Perú), –ubicada a más de 300 kilómetros al norte de Lima–, de la que es obispos y de hostigamiento económico a los profesores de los colegios en la diócesis huachana, han llevado a Antonio Santarsiero, que también era secretario general de la Conferencia Episcopal de Perú , a apartarse de su cargo mientras se realiza la investigación, tal como ha reconocido en un comunicado el mismo Episcopado. En la práctica, las denuncias se remontan al 10 de septiembre de 2022, una denunciante –a quien identificaremos como Aurelia– remitió desde Alemania una acusación formal al entonces prefecto del Dicasterio para los Obispos, el cardenal Marc Ouellet. En el documento, se detallan presuntos abusos de poder cometidos por el obispo de Huacho, Antonio Santarsiero Rosa, desde su llegada a la diócesis en febrero de 2004. Según la denuncia, los hechos se habrían producido en el entorno del Colegio San Francisco de Asís, para niños con discapacidad mental, en Huaura. La acusación sostiene que el obispo operó durante años sin control efectivo por parte de los organismos vaticanos, incurriendo en abusos de autoridad. Lo que no se sabía en aquel momento es que también habría cometido abusos sexuales. Esta nueva acusación aparecía en una denuncia de 2024. No es un menor, sino un adulto de 18 años. El testimonio crudo de esta víctima de Santarsiero expone el perfil de un abusador . No describe un hecho aislado, sino una conducta sostenida en el tiempo: visitas frecuentes, irrupciones sin consentimiento en la habitación y repetición de contactos físicos. El relato muestra también una progresión en la dinámica abusiva donde se difuminan gradualmente los límites, marcados por el desequilibrio de poder entre Santarsiero y la víctima. El obispo le ofrece trabajar en su campo de mandarinas, con promesas de becas y apoyo económico como mecanismo de control. La víctima muestra confusión emocional y miedo. Su daño psicológico es significativo. Esta acusación de abusos sexuales se sumaba a las previas de los profesores de un centro educativo de educación especial, dedicado a la atención de niños con discapacidad severa. Aurelia, vinculada al proyecto desde su fundación en 1993, afirma que la situación cambió radicalmente tras la llegada de Santarsiero. «Al asumir su cargo, el obispo convirtió las escuelas parroquiales en diocesanas, exigiendo a docentes y personal vinculado a la escuela realizar aportes económicos personales destinados al seminario. No contrata personal especializado. Deben entregar una parte de su salario al obispo y deben prestar servicios en actividades diocesanas como voluntarios, por ejemplo, sirviendo en eventos así como dar el regalo anual del cumpleaños al obispo. El personal docente solo recibe contratos anuales, es decir, la no aceptación de determinadas exigencias implica que no se renueva el contrato», explica la denunciante. De acuerdo con su testimonio, la transformación de colegios parroquiales en instituciones diocesanas dio paso a un sistema centralizado de control, bajo la supervisión de autoridades eclesiásticas locales. Profesores y personal educativo habrían sido sometidos a exigencias laborales y económicas ajenas a su función docente. Además, se cuestiona la falta de contratación de personal especializado para atender a alumnos con necesidades educativas complejas, lo que agrava la situación de vulnerabilidad de los menores. Así aparece de forma textual en la denuncia presentada ante la Santa Sede: «Santarsiero obliga a los profesores a trabajar en las chacras del obispo sacando y pelando ajos». «No renueva el contrato anual a los profesores que no cumplen sus pedidos».«Hay un ambiente de gran miedo y por eso los profesores no se atreven a hablar o protestar». Un «ambiente de miedo generalizado» que explicaría el silencio prolongado dentro de la diócesis Entre las prácticas denunciadas figuran trabajos forzados en propiedades agrícolas vinculadas al obispado, así como la amenaza de no renovación de contratos para quienes se negaran a cumplir órdenes. Uno de los aspectos más llamativos de la denuncia es el supuesto sistema de financiación impuesto por el obispado. Según el relato, docentes, comunidades religiosas y fieles habrían sido obligados a participar en la venta de productos –como mandarinas o huevos– procedentes de propiedades diocesanas, bajo condiciones económicas fijadas unilateralmente. «El obispado posee una plantación de mandarinas, de donde los profesores de religión y las comunidades deben vender las mandarinas a un precio fijado por el obispo Santarsiero. Los productos no vendidos deben ser pagados de su propio bolsillo por los profesores y las comunidades, es decir, se obliga a comprar productos, huevos y mandarinas provenientes del obispado», afirma la denuncia. A todo ello se sumaban rifas obligatorias, aportes económicos periódicos y contribuciones destinadas, presuntamente, a gastos personales del obispo. Las congregaciones de religiosas que no cumplían con estas exigencias eran, según la denuncia, expuestas públicamente. « Varias religiosas trabajan para el obispo sin recibir remuneración. El obispo prefiere incorporar a la diócesis congregaciones originarias de la India argumentando que son más obedientes», añade el texto al que ha tenido acceso este diario. Desde el 2016, un grupo de sacerdotes pidieron una visita apostólica a la diócesis, pero tal como denuncian en una carta, fue bloqueada por Santarsiero. En 2024, afirmaron: «Tememos que si hacemos esto por los medios como la Nunciatura o los Dicasterios, se repita la misma situación». Fuentes citadas en la denuncia también aseguran que al menos 18 sacerdotes de la diócesis enviaron una carta al fallecido papa Francisco expresando su preocupación. Sin embargo, el documento no llegó a su destinatario porque alguien en la Nunciatura en Perú se lo hizo llegar a Santarsiero y, según el testimonio, los firmantes fueron presionados para retractarse y hacer una carta donde elogiaban su gestión en Huacho. «Malas lenguas limeñas decían que había comprado el obispado al entonces nuncio Rino Passigato, ofreciéndole regalos caros. Ha hecho siempre lo mismo con todos los nuncios que ha habido en Lima: con sus visitas periódicas a la nunciatura con productos de sus fincas ha comprado su silencio. Santarsiero, más que obispo ha sido un mafioso como los de su tierra de origen», indica una fuente vinculada a las religiosas que viven en Huacho y que lo han denunciado por maltrato laboral. De origen italiano, procedente de Potenza (donde opera la Quinta Mafia o Basilischi), Santarsiero pertenece a la congregación de los Oblatos de San José. Su gestión en Huacho ha sido descrita por críticos como un modelo autoritario más que pastoral. ABC intentó sin éxito comunicarse con el obispo. Si bien en un primer momento señaló a través de Whatsapp que aceptaba una entrevista, más tarde afirmó ser su secretario y que el obispo «ahora está descansando». Mientras tanto, la Conferencia Episcopal Peruana anunció que Santarsiero solicitó ser «apartado del cargo de Secretario General como un acto de responsabilidad con la misión institucional, para dedicarse al esclarecimiento de la verdad». Dada la situación la Conferencia Episcopal Peruana ha explicado este viernes en un comunicado que «viene realizando todos los esfuerzos necesarios para esclarecer los hechos denunciados, actuando conforme a los protocolos establecidos y a la legislación vigente, tanto canónica como civil», al tiempo que han agregado que «las posibles personas afectadas pueden acudir a los canales de escucha previstos, de acuerdo con lo establecido en el Motu proprio 'Vox estis lux mundi'». Con el final de su mandato previsto para junio de 2026, crece la incertidumbre sobre la respuesta de la Santa Sede. Mientras La actuación del nuncio apostólico Paolo Rocco Gualtieri será clave para determinar si Santarsiero continúa como obispo dos meses más, hasta su jubilación o si por fin se adoptan medidas disciplinarias ante la gravedad de las acusaciones que seguramente llegarán tarde.

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