COPE
El 5 de abril de 1873 se colocó la primera piedra del actual Mercado de Atarazanas, uno de los edificios más icónicos de Málaga. Aunque su construcción no finalizaría hasta 1879, este proyecto del arquitecto santanderino Joaquín Rucoba se ha convertido en un punto neurálgico de la ciudad. Su nombre oficial es Mercado de Alfonso XII, pero los malagueños lo han conocido siempre como Mercado Central o de Atarazanas. Antes de ser un lugar de abastos, en este solar se encontraban las atarazanas nazaríes del siglo XIV, de tiempos de Mohamed V. Según explica el historiador Salvador Jiménez, la palabra "atarazana" significa arsenal, y era el lugar donde se fabricaban y reparaban los barcos de la época. De hecho, Málaga llegó a ser uno de los puertos comerciales más importantes del sur de Europa. De aquella imponente construcción original, hoy solo se conserva el monumental arco de entrada que Joaquín Rucoba supo integrar de forma magistral en el mercado del siglo XIX. Este arco de herradura apuntado presenta en sus enjutas el escudo de la dinastía nazarí, con su lema: "Solo Dios es vencedor". Tras la conquista cristiana de la ciudad en 1487, el edificio cambió de uso en múltiples ocasiones, sirviendo como hospital, cuartel de artillería e incluso como almacén de pólvora. Precisamente, una fuerte explosión en 1671 deterioró gravemente la estructura, lo que llevó a que en el siglo XIX las autoridades se plantearan su demolición. La intervención de la Academia de Bellas Artes de San Telmo fue crucial para salvar, al menos, su histórica puerta. Para el nuevo proyecto, se tomó una decisión sorprendente: mover el arco de su emplazamiento original. "Se desmontó piedra a piedra y se montó 25 metros más adelante, en dirección a la Alameda Principal", detalla Jiménez, lo que explica su ubicación actual. Una de las mayores joyas del mercado es su gran vidriera trasera, añadida en la reforma de 1973 y obra de un artista inesperado: Ángel Atienza. Aunque el nombre no sea reconocido por todos, Atienza fue un célebre defensa del Real Madrid de la época de Gento, Amancio y Di Stéfano, con el que el club blanco comenzó a ganar sus primeras Copas de Europa. Este deportista, que había estudiado Bellas Artes, fue el encargado de diseñar los 108 paños vidriados que componen la obra. En ellos se pueden admirar monumentos emblemáticos de Málaga como la Alcazaba, la Catedral, Gibralfaro o la Puerta del Sagrario, conformando una estampa única de la ciudad. Hace solo unos meses, uno de los cristales de la parte alta se desprendió y está pendiente de ser repuesto. El edificio de las atarazanas formaba parte de las murallas musulmanas que protegían la medina. Anexa a él se levantaba la Torre del Clamor, desde donde el almuédano llamaba a la oración. "Cuando llegan los cristianos, echan abajo parte de esa torre y se queda un tanto desmochada y rechoncha", narra el historiador. Ese apodo popular que recibió la torre acabó dando nombre a una de las vías cercanas, la actual calle Torregorda. Finalmente, el mercado vivió su última gran remodelación entre 2008 y 2010, a cargo de la empresa Ciruba y Hermoso, que le devolvió todo el esplendor con el que fue concebido en el siglo XIX, eliminando añadidos posteriores y recuperando la majestuosidad de su nave central.
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