Cope Zaragoza
La gestión de la motivación en el deporte de élite es un desafío constante que va más allá de las charlas inspiradoras. Con el avance de la temporada, la energía inicial se desvanece y da paso a la fatiga y la rutina. La psicóloga deportiva Alba López, del gabinete Psycoinvisible, con experiencia en entidades como la Rafa Nadal Academy y centros de alto rendimiento, ha desgranado en el espacio de Psicología deportiva de 'Deportes COPE Málaga' las claves para gestionar la motivación de un equipo cuando la 'chispa' parece haberse perdido en el ecuador de la competición. Su análisis ofrece un mapa de ruta para entrenadores y atletas sobre cómo navegar las turbulentas aguas de la mitad del calendario deportivo. López, quien se encuentra actualmente trabajando con la selección española en el Europeo de Bádminton de Huelva, subraya que el trabajo mental es una pieza más dentro de un engranaje complejo. Destaca la importancia de un equipo multidisciplinar donde preparadores físicos, entrenadores y psicólogos trabajan al unísono. Este enfoque integral está permitiendo a un equipo nacional muy joven, con figuras que compaginan el deporte con sus estudios universitarios, adquirir experiencia y aprender a gestionar la presión en momentos clave, demostrando una madurez notable para afrontar los retos de la alta competición. Es natural que la motivación fluctúe. “Al inicio de la temporada, motivar es mucho más fácil porque hay una ilusión, hay más energía, encima los objetivos son prácticamente todos nuevos”, explica López. Sin embargo, a medida que avanzan los meses, la situación cambia drásticamente. La rutina, el cansancio acumulado, algún resultado adverso inesperado, las lesiones y los dolores se convierten en el día a día del deportista, provocando una sensación de que la energía inicial se ha esfumado. La experta matiza que esta chispa no se ha perdido realmente, “sino que ahora es diferente”. Este nuevo escenario exige un cambio de enfoque por parte del cuerpo técnico. Según la psicóloga, es un momento que demanda creatividad para reconectar al equipo con un propósito renovado. La clave reside en dejar de pensar exclusivamente en el resultado final y empezar a trabajar con “micro-objetivos” que devuelvan el foco al presente y al proceso. Se trata de encontrar nuevos estímulos que mantengan al equipo enchufado y competitivo, evitando que la presión por ganar se convierta en el único motor cuando el final de la temporada se acerca. En el deporte profesional, especialmente en disciplinas como el fútbol, es común recurrir a incentivos externos cuando la motivación decae. La negociación de primas económicas por lograr ciertos resultados es un ejemplo clásico. Sin embargo, Alba López advierte sobre los peligros de centrar toda la estrategia en este tipo de recompensas. Un enfoque exclusivo en los resultados, el dinero o los premios puede generar una elevada ansiedad en los deportistas, que desplazan su atención del presente hacia un futuro incierto. Para evitar este efecto contraproducente, la solución pasa por equilibrar la balanza. “Es importante que las primas y todos los objetivos de resultado que tengamos vayan acompañados de un buen objetivo de proceso”, detalla López. Este balance permite al deportista mantenerse centrado en el aquí y el ahora, analizar sus errores, regular su activación y, en definitiva, tomar mejores decisiones bajo presión. La psicóloga insiste en que reforzar la actitud, la pequeña mejora diaria y la comunicación es fundamental, ya que “si solo es hacia dónde vamos, se genera muchísima tensión”. Otra medida habitual en momentos de crisis es el cambio de entrenador. Aunque la llegada de un nuevo líder puede suponer un revulsivo a corto plazo, López lo considera una solución temporal, un “pan para hoy, hambre para mañana”. La novedad y la ilusión inicial se desvanecen rápidamente en la convivencia diaria del alto rendimiento. La verdadera consolidación de un equipo requiere tiempo y un trabajo profundo. “La construcción de un equipo dura tiempo, no dura una semana”, sentencia la psicóloga. Es un proceso que se cimienta en la comunicación, la definición de roles, el esfuerzo compartido y la creación de un clima de trabajo sólido. Cambiar una pieza, aunque sea el líder, no garantiza el éxito si no se abordan las dinámicas de fondo que afectan al rendimiento colectivo. La psicóloga afirma que reencuadrar los objetivos a mitad de temporada no es una opción, sino una necesidad. Son muchos los factores que pueden haber cambiado desde el planteamiento inicial: desde la fatiga física por sobrecarga, hasta el desajuste entre las expectativas y la realidad de cada jugador. También influyen los cambios de roles por nuevos fichajes o el propio desgaste de la convivencia, que puede llevar a una menor tolerancia al error dentro del vestuario. Una de las herramientas más poderosas, y a la vez más sencillas, es el refuerzo del esfuerzo. López propone un 'consejo invisible' para los entrenadores: felicitar a un jugador no por el resultado, sino por un detalle concreto de esfuerzo durante el entrenamiento o el partido. Este gesto ayuda a anclar la motivación en el proceso y en la actitud competitiva, elementos que sí están bajo el control del deportista, a diferencia del marcador final. Finalmente, Alba López recomienda un ejercicio práctico y personal: el poder de la escritura. Animar a los deportistas a coger papel y lápiz para escribir en qué punto se encuentran, analizar por qué no se han cumplido algunos objetivos y, a partir de ahí, “elaborar cuáles son nuestros nuevos propósitos”. Este acto de reflexión y visualización, similar a la anécdota de la frase escrita en la pizarra de un vestuario que no se borra hasta cumplir la meta, ayuda a clarificar el camino y a comprometerse con las nuevas metas establecidas para lo que resta de temporada.
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