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Una historia de asedios involuntarios y vecinos valerosos | Collector
Una historia de asedios involuntarios y vecinos valerosos
Faro de Vigo

Una historia de asedios involuntarios y vecinos valerosos

Antes de entrar por la puerta que da acceso a la fortaleza de O Castro aparecen dos cañones por banda. Llevan ahí «toda la vida» y son atrezo de las fotos de miles de vigueses y turistas. Pero no es un mero decorado, tienen una historia curiosa. En la parte superior se puede ver un emblema ruso, correspondiente al reinado del zar Alejandro I (siglo XIX). Tras la batalla de Trafalgar, en 1805, Fernando VII necesitaba barcos. Su corte negoció con el imperio y estos accedieron a enviarles siete buques. Llegaron negros, podridos. Tras una serie de enérgicas protestas, los rusos mandaron tres más, pero los españoles obtuvieron lo mismo. El dinero para pagarles también era un problema: a modo de corruptela el rey se había quedado casi la mitad. La conclusión fue un desmantelamiento de todos los navíos y una repartición de los bienes a lo largo del país. A Vigo le tocaron dos cañones. Y ahí están.

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