COPE
El eterno debate sobre si la gasolina low cost es de peor calidad que la de las marcas prémium copa miles de conversaciones entre conductores. El experto en motor, Juan Francisco Calero, ha arrojado luz sobre este asunto, desmontando mitos y explicando de manera clara qué repostamos realmente en nuestros vehículos. La respuesta, según detalla, es más compleja que un simple sí o no, pero permite entender las verdaderas diferencias. Para sorpresa de muchos, el combustible en su estado base es exactamente el mismo para todas las estaciones de servicio. Calero explica que, tras pasar por las refinerías, tanto la gasolina como el gasóleo se transportan por oleoductos hasta grandes centros de almacenamiento. En España, la mayor parte de esta red (cerca del 80%) está gestionada por la empresa Exolum, antiguamente conocida como CLH. En estos tanques de almacenamiento no hay divisiones por marcas. Todo el carburante base, que debe cumplir con las normativas europeas EN 228 para la gasolina y EN 590 para el diésel, se almacena de forma conjunta. Por lo tanto, en su origen, no hay distinción entre el combustible que irá a una gasolinera de bajo coste y el que se destinará a una multinacional. La verdadera diferenciación ocurre en el último paso: la carga de los camiones cisterna. Es en los brazos de carga de los centros de distribución donde cada compañía, sea Repsol, BP, Shell o cualquier otra, añade su propio paquete de aditivos. 'Al final, la base, como puedes ver, es la misma, y lo que cambian son los aditivos', subraya Calero. Los combustibles prémium se distinguen por llevar un aditivado más potente y superior al de sus versiones estándar. Calero los agrupa en cuatro principios básicos: detergentes para eliminar la carbonilla de los inyectores, modificadores de la fricción para reducir el desgaste y mejorar el consumo, antioxidantes para proteger el sistema y, por último, desemulsionantes que diluyen el agua para evitar averías. Aunque estos aditivos han demostrado su eficacia en laboratorio, su efecto en el día a día es difícil de percibir. 'La percepción que tenemos en el corto plazo de un depósito tras otro es prácticamente irrisoria o inexistente', matiza el experto. Sin embargo, utilizar carburante prémium de vez en cuando, por ejemplo, cada cuatro depósitos, puede ser una buena práctica para el mantenimiento a largo plazo del motor. Uno de los mayores temores al repostar es equivocarse de combustible, un error cuyas consecuencias dependen del tipo de motor. Echar gasolina en un coche diésel moderno es extremadamente peligroso. Según Calero, puede destrozar el sistema de alimentación, desde la bomba de inyección hasta los inyectores, generando una avería de miles de euros. En el caso contrario, introducir gasóleo en un motor de gasolina, el resultado es igualmente dañino. Este error puede obstruir los inyectores, llenar de 'chapapote' las bujías y, en el peor de los casos, saturar y destruir el catalizador. Ante una equivocación, la recomendación es clara: no arrancar el coche bajo ninguna circunstancia y llamar a la asistencia. Respecto a otras dudas comunes, como mezclar gasolina de 98 y 95 octanos, el experto asegura que no supone ningún problema, ya que el vehículo se adapta, aunque usar 98 en un coche de 95 es 'tirar el dinero'. Además, aclara que las etiquetas E5, E10 o B7 que vemos en los surtidores simplemente indican el porcentaje de biocombustible (etanol o biodiésel) presente en la mezcla, cumpliendo con una normativa europea.
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