Diario CÓRDOBA
El cuerpo de Marcos Novas Rodríguez empezó a avisarle sin hacer ruido. No fue un temblor evidente ni una caída. Fue algo más sutil, casi imperceptible al principio. «Se me cerraba la mano, como si tuviera una garra», recuerda. Los dedos se encogían solos, sin orden, sin control. Después llegó la pérdida de fuerza. Y con ella, la sospecha.
Go to News Site