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"Que sí; que no; que caiga un chaparrón, que rompa los cristales de la estación; y los míos no, que son de cartón". Esta cantinela de niños es la que utiliza el presidente del Gobierno en su "no a la guerra", y en demás asuntos truculentos bien conocidos por la sociedad española. Desde que empezó la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, se mantuvo en un no rotundo (parecía ser). Con la apertura del Estrecho de Ormuz (y no decidiendo en solitario), que Sánchez ha pactado con otros países, entra en mayor o menor medida en la acción bélica. Desde mi punto de vista, el hecho de que pase el petróleo a nuestro territorio supone, de alguna forma, un posicionamiento en la guerra, pues echar combustible a nuestros vehículos supondría una bajada en el precio de la gasolina, y, por tanto, Sánchez se pondría en contra de Irán y cerca de Trump. El "no a la guerra " de Pedro Sánchez titubea entre mares, y su postura inicial quedaría entre brumas.
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